sábado, 30 de mayo de 2009

Monarquía e igualdad

Coincidiendo con las elecciones europeas, los ciudadanos daneses podrán votar si desean la igualdad de sucesión al trono y que, de esta manera, desaparezca la preferencia del varón en la sucesión. A diferencia de lo que ocurre en España (en el caso de que la monarquía perviva para entonces), la reforma no parece muy urgente, ya que el primogénito que ha de sustituir al actual príncipe Frederik es un varón, Christian. Así que estamos hablando de una ley que entraría en vigor en unos ochenta años en el caso de que Christian tuviera una hija como primogénita (y en el caso de que la monarquía perviva para entonces).

No se trata tanto de que la monarquía sea incompatible con la democracia (en varíos países, ha demostrado ser compatible con la democracia y con sistemas no democráticos) sino de que los valores que sustentan la monarquía son incompatibles con los valores democráticos. La monarquía danesa es apoyada casi sin fisuras por la sociedad danesa y la reina y los príncipes (y las princesas y ex-princesa) han sabido acomodarse a los nuevos tiempos de la monarquía mediática: presencia en los Juegos Olímpicos, en galas benéficas, en conciertos de rock, además de participar en fundaciones caritativas, ser iconos de moda clásica y moderna, aplaudir a la selección de turno cuando está en la final y mostrar sus avances en el entrenamiento militar.


En esta confusión entre lo democrático y lo (post)moderno, la monarquía quiere asumir la igualdad para adaptarse a los nuevos tiempos. La inclusión de la igualdad de género como valor monárquico sólo evidencia, en realidad, la carencia democrática sobre la que se constituye: la falta de igualdad y el mantenimiento de los privilegios.

El gobierno ha lanzado una campaña, totalmente errónea en su mensaje, en la que se relaciona la evolución de los derechos de la mujer con la aceptación de la igualdad a la sucesión al trono. El hecho de tener una reina primogénita es un avance para la lucha de las mujeres y la lucha de las mujeres se reduce a un cambio de mentalidad de la élite (de un grupo de privilegiados). El anuncio ha sido criticado, así como la convocatoria de un referéndum cuyo fin no es elegir sino dar el visto bueno a una respuesta decidida de antemano.

La reforma se aprobará con un 40 % de los votos afirmativos (incluyendo a todos los electores en el censo, no sólo contando los votos efectivos). El porcentaje de votos estimado hasta el momento no llega al 41 % y las juventudes de uno de los partidos liberales (Radikale Venstre) ya han pedido que, en su lugar, se vote sobre la existencia de la monarquía.


Es una consecuencia de someter la monarquía (que no requiere principios democráticos) a la voluntad democrática (y no hablo del Parlamento, que ya ha aprobado la ley) mediante un referéndum: ni la igualdad a la sucesión al trono forma parte de las luchas por la igualdad de las mujeres (y, por tanto, por combatir los privilegios y profundizar en la democracia) ni una votación hace olvidar que la monarquía no es una institución que no se puede elegir.

A la monarquía siempre le quedará jugar con su papel simbólico como representante de la unidad y de los valores nacionales. Otra cosa, es que la monarquía quiera jugar a apropiarse de los valores democráticos como la igualdad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario