domingo, 28 de junio de 2009

Golpe de Estado

"Un retroceso para la democracia". Así ha definido el presidente de Costa Rica, Óscar Arias, el golpe de Estado en Honduras. Elena Valenciano, responsable de Relaciones Internacionales del PSOE, ha dicho que los golpes de Estado forman parte del pasado. La condena firme por parte de las instituciones latinoamericanas y europeas debería cerrar el espacio de las ambigüedades. Sin embargo, la cobertura mediática resulta un tanto inquietante, al menos, en algunos aspectos.

Se insiste en la ilegitimidad de las acciones de Manuel Zelaya. El presidente de Honduras había convocado para este domingo un referéndum para reformar la constitución (incluyendo su reelección electoral). El Parlamento, el Tribunal Supremo Electoral y el Ejército consideran que se trata de un referéndum ilegal. Se inicia así un pulso entre el presidente y el Ejército.



Como el presidente mantuvo la voluntad de realizar la consulta popular, el Tribunal Supremo pidió el arresto de Manuel Zelaya y el ejército le expulsa. No faltan voces que quieren reducir el tono del golpe de Estado apelando a una supuesta legalidad basada en que Zelaya no actuaba realmente de forma democrática porque actuaba contra las instituciones. Estas voces se alimentan de las críticas de la oposición que acusaban a Zelaya de ser un nuevo Chávez y querer prolongarse en el poder. Recordando el vídeo en el que Jaime Bayly describe, entre insultos, a Zelaya (que, según él, ha cedido el gobierno a Chávez), se puede apreciar el fuerte conflicto ideológico que se está desatando en América Latina.

En los días previos al golpe, la oposición había presentado una moción y Ramón Velázquez, de la Democracia Cristiana, afirmó que Zelaya desafiaba "a los órganos jurisdiccionales, al no acatar las resoluciones y fallos dictados, lo cual menoscaba el estado de derecho en que vivimos". La izquierda argumentaba que se trataba de inhabilitar al presidente e iniciar un golpe de Estado. La oposición lo negó y Rigoberto Chang, del Partido Nacional, aseguró que ningún parlamentario quería "un golpe de Estado, porque eso sería un grave retroceso para Honduras".



Ahora que el golpe ya es efectivo sabemos algo con seguridad: los medios nos llevan bombardeando durante años sobre la deriva dictatorial de Hugo Chávez y otros presidentes y nos hacen olvidar quiénes son los que se oponen al proyecto de Chávez y cómo lo hacen. Quienes han estado acusando a Zelaya de anti-democrático deben elegir en este momento crítico su modelo de democracia. Si continúan hablando de la ilegalidad de Zelaya para justificar el golpe, quedarán ya pocas dudas de qué hablan cuando hablan de democracia.

Una pequeña pregunta para terminar. Si detrás de Zelaya está el "puticlub" de Chávez, ¿quién está detrás del golpe?

jueves, 25 de junio de 2009

Hablamos de política

Esta semana me han ocurrido dos pequeñas anécdotas que me han llevado a pensar en cuándo y cómo hablamos de política. Quitando las ocasiones en las que una persona (y ocurre muy a menudo) no habla de política porque no le interesa, en otras ocasiones algunos eluden hablar de política para evitar discrepancias y en otras, se puede eludir hablar políticamente asumiendo, sin saberlo, un discurso político. Me explico.

Estaba escribiendo junto con una colega un artículo. Tras enviarle una de las partes que yo había escrito, recibí el siguiente comentario: "Estoy de acuerdo pero creo que es demasiado subjetivo". La subjetividad no era otra que haber calificado de "ultraderecha" al partido de ultraderecha danés. Sustituí el término por "partido populista de derecha radical", coloqué una cita al lado y listo. Pero aun así me quede preguntándome qué tiene de subjetivo llamar de ultraderecha a un partido islamofóbico que defiende la completa asimilación de los inmigrantes a los "valores daneses".

Mi impresión es que se empieza a extender la idea de que la extrema derecha no es extrema (muchos daneses la votan, está en el parlamento y apoya el gobierno) y a este paso no va a ser ni derecha. Para poder convivir con ello, quizás sea mejor pensar que no es tan extrema y es parte del sistema. Por eso, decía que hay gente que no quiere hablar políticamente (decir ultraderecha es algo subjetivo, una opinión política) pero terminan por asumir un discurso político bastante peligroso. No parece muy recomendable normalizar los principios de la ultraderecha y menos cuando otros partidos tratan de amoldar su discurso en temas como la inmigración para obtener más votos.


Por eso me resultó tan llamativo escuchar a alguien hablar claro y alto de política en un contexto aparentemente poco político. En el hospital, una matrona se encargó de enseñarnos las instalaciones a un grupo de futuros padres. Al empezar, la matrona se lamentó de la falta de habitaciones y el progresivo deterioro de los locales. La causa, según dijo, era la política de recortes del gobierno liberal con apoyo de la extrema derecha. Su comentario no fue aplaudido (probablemente no faltan votantes de ambos partidos en el local) y fue seguido por un místico silencio. Pero a mí me gustó oírlo. La mujer habló políticamente de un tema como la gestión de hospitales que, cada vez más, se presenta como algo despolitizado.

No es, pues, mala idea hablar de política ni encontrar los nombres adecuados para las ideas y prácticas que cada día vivimos. La política tiene consecuencias en la vida cotidiana. Ahora lo sabe un pequeño grupo de futuros padres (y ojalá que, en el futuro, también lo sepan sus hijos).

lunes, 22 de junio de 2009

Sastre y la política

Nuevo atentado de ETA y nuevas reacciones políticas y mediáticas. El entorno de la izquierda abertzale sigue con la misma posición que siempre y se niega a condenar el atentado. Los argumentos son los de siempre: el conflicto político, la inutilidad de condenar en abstracto, etc. Lo que más me choca (y no es porque sea nuevo) es que la izquierda abertzale ve dificultades para alcanzar el proceso de paz en la actitud del gobierno y no ve ninguna (al menos que yo haya notado) en el hecho de que ETA siga matando.

Para contar esto (hay un conflicto político en Euskadi y eludo hablar de atentados), Alfonso Sastre, que se presentó a las elecciones europeas con Iniciativa Internacionalista, ha publicado "La prosa y la política" en Gara. El texto de Sastre no carece de interés cuando habla de lo que sabe (al menos antes, Sastre se nombraba en Secundaria y se estudiaba en la Universidad como uno de los dramaturgos más importantes durante la dictadura, junto con Buero Vallejo). La reflexión de Sastre sobre la narración al servicio de la verdad (otra cosa es qué verdad) es interesante, al igual que la reivindicación de "una prosa capaz de fundar y difundir las ideas de la justicia pendiente y de reclamar nuestras libertades, individuales y sociales".

Comparto el interés de Sastre por lo que llama "cuestiones semánticas" pero no sus verdades concretas sobre el País Vasco. Y debido al interés semántico no ha dejado de sorprenderme como se está (mal)usando el texto de Sastre.

En "La prosa y la política", Sastre nos cuenta que Iturgaiz expresó su deseo de que los votantes de Iniciativa Internacionalista fueran fumigados y se muestra preocupado por los medios más contundentes para luchar contra el terrorismo (anunciados por Patxi López). Literalmente, Sastre pinta así de negro un panórama resultante de la combinación de Iturgaiz y la mayor contundencia: "De ser así, Dios nos coja confesados, porque nos esperarían y amenazarían tiempos de mucho dolor en lugar de la paz, que nunca se conseguirá, evidentemente, si lo que deciden ustedes es aniquilar a una parte mayor o menor de nosotros en esas nuevas cámaras de gas inspiradas por ese personajillo, Iturgaiz. Entonces, ¡pobres de nosotros, pero también de ustedes!".

A partir de ahí los despropósitos. Los medios de comunicación "convierten" estas palabras en amenazas, los políticos piden la ilegalización del partido de Sastre y Manos Limpias lo denuncian por supuestas amenazas. Según El Mundo, se trata de lanzar una advertencia al lehendakari: o se abre una "negociación" o se aproximarán "tiempos de mucho dolor en lugar de paz". Si comparamos la cita (con su entrecomillado oportuno) de El Mundo con la original de Sastre, vemos que lo hipotético (lo que tiene de probabilidad) en palabras de Sastre, se convierte en una condición para El Mundo (si no hay negociación, la consecuencia será el dolor).

El abuso de la cita de Sastre puede ser mayor. Pablo Sebastián, desde Estrella Digital, no quiere perder la oportunidad para mostrar cómo ETA está chantajeando a Zapatero. Dice Sebastián que Sastre dice que "vendrán tiempos de mucho dolor, en vez de paz", lo cual interpreta como "Toda una amenaza y advertencia con las que se exige a Zapatero y su Gobierno el regreso a la mesa de negociación". Cuando uno utiliza las comillas, se espera, al menos, que cite literalmente y que no se invente un verbo (como hace Sebastián).

Hacen falta, efectivamente, narrativas para buscar la verdad. Un atentado de ETA sigue siendo lamentable y condenable. Igualmente triste es que, pasadas las elecciones, la izquierda abertzale juegue al yo-no-condeno para que los partidos políticos le pidan el tú-condena y, entre unos y otros, se aleja (más todavía) cualquier escenario de paz. Dentro de este marco, se impide narrar otras alternativas que crean en un espacio político compartido (con condenas y sin exclusiones).

martes, 16 de junio de 2009

El follonero y Otegi

Por lo general, siempre encuentro divertido Salvados, el programa de Jordi Évole, el Follonero, en la Sexta. Me gusta, especialmente, lo que tiene de provocador cuando expone a personas (principalmente políticos) habituadas a los medios a situaciones y entrevistas poco convencionales. Algunos aprovechan para mostrar un lado más amable y otros para decir lo que piensan. En la entrevista del Follonero con Otegi ocurrieron ambas cosas.

La cobertura mediática nacional de Iniciativa Internacionalista, el partido de Alfonso Sastre respaldado por Otegi, se perdió en los momentos en que se supo que no se iba a ilegalizar. No es que fuera el único partido silenciado pero sí que era relevante que un partido abertzale volviera a concurrir a las elecciones. El Follonero (si bien con las elecciones ya terminadas) visitó a Otegi en su ambiente, con un auditorio repleto, y reflejó el ambiente hermético y desconfiado que caracteriza a la izquierda abertzale.

El Follonero estuvo bien con sus referencias al tradicionalismo, a las televisiones españolas, a las causas, a Clemente, a Eurovisión y Otegi estuvo simpático, defendiendo sus puntos de vista y sonriendo para evitar contestar cuando sus comentarios hubieran desentonado con el desenfado del Follonero. No se consiguió el objetivo de conseguir una condena de la violencia por parte de Otegi. Batasuna nunca condenará la violencia porque si lo hiciera, reconocería que es la causa que impide el proceso de paz y no una consecuencia de la represión del Estado español (que conste que me limito a seguir la lógica abertzale, por si acaso). Pero el Follonero estuvo divertido e irreverente apelando al sentido común (y no tanto a los discursos políticos). Quedó bien claro por qué el inmovilismo ideológico seguirá impidiendo cualquier avance hacia un entendimiento en el País Vasco. Quedó claro que en el lenguaje de "un militante de izquierdas independentista" términos como la "cultura democrática" o "la manera civilizada" se basan en ideas abstractas cuya definición depende de una sola parte.



Igual de interesante fue el ejercicio de mostrar la entrevista a Montserrat Domínguez y Luis María Ansón. Podría sorprender que Ansón se mostrara tan positivo pero, en su favor, hay que decir que siempre se ha mostrado favorable a la libertad de expresión y criticó el cierre de Egin (al igual que defendió a Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez). Lo más significativo de la mirada periodística progresista de Domínguez fue su conclusión: "yo no emitiría la entrevista". La periodista acusó al Follonero de dar cancha a Otegi ("hacerle el caldo gordo"). Habrá que suponer que Domínguez considera que los televidentes son incapaces de tener una opinión formada o simplemente piensa que el papel de los medios es condicionar a la gente. Todavía no veo el problema de que Otegi pareciera simpático en la entrevista. A mí me parece que se conserva bastante bien a sus 50 años (con algunos de ellos en la cárcel y 3 años más joven que Rajoy) y no por eso comparto sus ideas. Es más, prefiero su estilo de camiseta y chaqueta que el de traje de la mayoría de los políticos varones. Pero quizás no debería seguir para no hacerle más caldo gordo...

No es que el Follonero se encargara de poner a cada uno en su lugar, sino que cada uno se puso en su lugar. El periódico Gara ha aprovechado la actitud de Montserrat Domínguez para hablar de los "golpes psicológicos" del Estado follonero de Rubalcaba. Denuncian las últimas detenciones y que se quiera censurar a Otegi porque quedaba "bien". Lo que pasa es que Otegi no quedaba bien. Simplemente no quedaba mal. Como diría el Follonero, demasiada cabezonería.

viernes, 12 de junio de 2009

Ultra estrella y derecha

Se habla mucho últimamente de los partidos de ultraderecha tras las elecciones europeas y se busca explicaciones en el euroescepticismo o en la alta abstención. Lo cierto es, al menos en Dinamarca, que la ultraderecha obtiene excelentes resultados en las elecciones nacionales y que el euroesceptismo se combina con otros valores, como el nacionalimo y la xenofobia, que son igualmente eficaces en cualquier convocatoria electoral.

El Partido Popular Danés fue el cuarto partido más votado y obtuvo un muy buen resultado. Pero lo realmente espectacular es que su principal candidato Morten Messerschmidt fue el candidato más votado (las listas son abiertas) con un total de 284.258 votos personales. Una cifra sólo superada en las elecciones europeas en 2004 por Poul Nyrup Rassmusen, que fue primer ministro. Como viene siendo habitual en la política, los éxitos de los partidos no pueden disociarse de los éxitos de sus líderes. Esto se aplica también a la ultraderecha.

Morten Messerschmidt es un joven y carismático político de 28 años. Se encuentra en el límite donde estrella de la política y estrella de la televisión confluyen (lo cual no quiere decir que sea todo glamour, ya que ha protagonizado varios episodios de estrella de la serie B). A lo largo de su carrera política ha desempeñado un papel activo en la definición de la política europea de su partido, basándose en dos premisas: no más poder a Bruselas (todo el poder para Dinamarca) y no a Turquía (ni a los musulmanes).

El joven político, que ya fue condenado por violar la ley contra el racismo, sostiene que "el Islam es una cultura que concibe a su gente como esclavos". Con afirmaciones tan gruesas, cuyo objetivo siempre es apelar a la sensibilidad ultradanesa, se ha ido construido su perfil político, inspirado por su mentor Mogens Camre. Su campaña electoral se presentó con el eslogan: "Devolvednos a Dinamarca". Y a pesar de que sus carteles electorales han sido modificados por espontáneos que le añadían el típico bigote hitleriano, los votantes le han respaldado.

Han respaldado al político y al personaje. Porque Messerschmidt salta a la fama a través del Gran Hermano danés. Nace así la estrella mediática que entra en serio peligro unos años más tarde a causa de un episodio que no quedó muy claro. Se acusó a Messerschmidt de cantar canciones nazis y de reproducir el saludo nazi en una celebración en Tivoli (el parque de atracciones de Copenhague). Quedó tocado pero no tardó en recuperarse. Su noviazgo con la cantante Dot Wessman, de 50 años, mantiene la fama del político. Tan emotivo romance da sus frutos musicales en uno de los episodios más surrealistas de la navidad: un disco con villancicos en distintos idiomas interpretados por la feliz pareja. Las imágenes del dueto no tienen precio.

Con todo, uno podría seguir preguntándose por qué la extrema derecha es tan popular. Quizás sería más relevante preguntarse por qué la extrema derecha ha dejado de considerarse extrema derecha en muchos medios. Y aún más relevante sería interpretar por qué los votos al Partido Popular Danés no provienen ya sólo de los desencantados con la socialdemocracia sino también de los partidos liberales y conservadores. Ya van siendo muchas las concesiones del gobierno liberal-conservador a la ultraderecha (que apoya la coalición en el poder).

Pero el mayor pragmatismo no debe hacernos olvidar que la extrema derecha sigue siendo extrema. Messerschmidt aspiraba a incluir su partido en el grupo formado por los escépticos europeos y antifederalistas (encabezados por los conservadores británicos). Pero éstos han insinuado que no están dispuestos a acoger un partido de ultraderecha como parte de la formación. Así que volverán a ocupar su lugar con los partidos de extrema derecha. Será por eso que querrán que la Unión Europea les devuelva Dinamarca.

lunes, 8 de junio de 2009

UE, desde Dinamarca

En Dinamarca las elecciones europeas sirven para elegir a 13 diputados y, como en tantos otros sitios, para permitir que todos los partidos (incluso los que han perdido) se sientan ganadores. Sin embargo, ayer hubo un claro perdedor: el Movimiento de Junio contra la Unión Europea, que se quedaron fuera y anunciaron su disolución.

El otro partido anti-europeo, el Movimiento Popular contra la Unión Europea, obtuvo un mejor resultado con 1 escaño (subiendo un 2%). La izquierda antieuropea va gradualmente perdiendo peso en Dinamarca y se va aceptando que el marco europeo es un escenario más para hacer política. Lo cierto es que durante la campaña resultaba difícil distinguir el discurso antieuropeo de la izquierda del de la ultraderecha. La fuerte oposición al "monstruo burocrático que roba el poder al pueblo danés" se encuentra a ambos lados y, a la vista de los resultados, los electores han pensado que es mejor entregar su confianza a la extrema derecha. El Partido Popular Danés obtiene 2 escaños (con un espectacular aumento del 8,5%). El nacionalismo y la oposición a una posible adhesión de Turquía (y a todo lo que suene a musulman) siguen siendo las principales bazas de este partido.

Los partidos en el gobierno experimentaron ligeras subidas pero se quedaron muy lejos de obtener un buen resultado. Los liberales subieron un 0,8%, por lo que repitieron resultado electoral (3 escaños) y quedaron por debajo del partido socialdemócrata. Todo ello a pesar de contar con uno de sus líderes carismáticos como cabeza de lista y con un famoso presentador de telediarios. Peor fue para los conservadores. Con una subida del 1,8% se quedaron en 1 escaño. Un resultado escaso si se piensa que el candidato fue el vicepresidente y ministro de economía hasta hace bien poco. Ambos partidos se apoyaron en el renovado euroescepticismo liberal-conservador, esto es, en poner el énfasis en los intereses nacionales y anteponerlos a las políticas de cooperación europea.

En el bloque de izquierdas, el resultado más exitoso ha sido obtenido por el partido a la izquierda de la socialdemocracia, el Partido Socialista Popular, que ha conseguido 2 escaños (subiendo un 7,9%) y se ha convertido en el tercer partido más votado. Un discurso nítidamente verde, combinado con una agenda europea, y el tirón electoral de la principal candidata y del líder del partido. El partido socio-liberal, el único que se atreve a decir que Dinamarca tiene que abandonar las excepciones en materia europea y marcadamente pro-europeísta, retrocede un 2,1% y se queda sin ningún representante.

Los resultados de los socialdemócratas son más ambivalentes. Por un lado, son el partido más votado y obtienen 4 escaños (1 menos que en 2004), pero, por otro, pierden un 11,1% de votos. La explicación más obvia es que en las elecciones anteriores se presentó el anterior primer ministro, Poul Nyrup, que obtuvo más de 400.000 votos personales. Repetir el mismo resultado electoral hubiera sido imposible. Con todo, el Partido Socialdemócrata vuelve a mostrar sus dificultades para distanciarse con claridad del partido liberal.


En una noche en la que (casi) todos habían ganado algo, siempre hay espacio para la derrota. Poul Nyrup esperaba en Bruselas los resultados para saber si el partido socialdemócrata europeo iba a proponer su candidatura para presidente de la Comisión. Los malos resultados del centro-izquierda apuntan a que el conservador Durao Barroso (aunque paradójicamente contaba con el apoyo de Zapatero) renovará su mandato. Es sólo un recordatorio de una Europa cada vez más conservadora, en los gobiernos y en el Parlamento, y de la dificultad de articular una alternativa más social que pase por la izquierda.

lunes, 1 de junio de 2009

La muerte de Superman

El viernes pasado, Iván Lira publicaba la siguiente imagen sobre Superman en Rebelión. Lira recupera una de las viñetas del cómic La muerte de Superman, publicado en 1993. Según esta reinterpretación, Superman (también llamado "el héroe del Imperio" y "el capitalista de acero") muere a causa de la crisis. La imagen simboliza bien la crisis de un sistema, presentado hasta hace bien poco como un sistema efectivo y sin fisuras, y la crisis de un superhéroe, caracterizado por su perfección y por la defensa de un mundo ideal (que Lira identifica con el imperio).

Pero Superman, mucho antes de entrar en crisis, nace en una sociedad en crisis. Cuando en 1938 se pública el primer cómic (adquirido hace no mucho por el bateria de System of Down por el módico precio de 317,200 dólares) en Action Comics con un poderoso Superman levantando un coche con sus brazos, el héroe invencible contrastaba con la endeble personalidad de Clark Kent.

El sociólogo Harry Brod recuerda que en sus inicios Superman es, en realidad, un inmigrante irregular, que llega al mundo (a Estados Unidos) desde el exterior y tiene que aprender las normas y los comportamientos sociales. De hecho, la creación de Clark Kent refleja el triunfo del modelo de asimilación: Kent renuncia a todo aquello que le hace diferente (oculta sus poderes), se comporta con torpeza y timidez y es incapaz de lograr el éxito. Por otra parte, Superman asume los valores (idealizados) de la justicia. Aunque sea paradójico que la sociedad no pueda reconocer a Superman como ciudadano (sólo a Kent), Superman pasará a encarnar los principios defendidos por la sociedad norteamericana.

La figura de Superman recoge algunos elementos de interés (el orígen traumático y los conflictos derivados de la doble identidad) que servirán de modelo para muchos otros superhéroes. Sin embargo, estos aspectos no consiguen evitar que el personaje invencible quede inserto en una dinámica simplista entre el Bien y el Mal, muy acorde con los tiempos de la Guerra Fría.

La asunción de un modelo complejo, con una distinción menos nítida entre el Bien y el Mal, ha favorecido a algunos superhéroes (con Batman a la cabeza) y perjudicado a otros (especialmente a Superman). La última versión cinematográfica de Superman formula explícitamente la pregunta de si el mundo realmente necesita a Superman. El poco éxito en taquilla y la simpleza inmaculada que mantiene Superman (y Kent) no dejan lugar a dudas sobre la respuesta.

La muerte de Superman no es el único síntoma de esta crisis. Kingdom Come, publicado en 1996, es el cómic que mejor ha sabido reflejar este cambio de valores. En él, se produce un enfrentamiento entre héroes tradicionales, liderados por Superman, y los nuevos héroes (más amorales e irresponsables). En este enfrentamiento, Batman se desmarca del idealismo de Superman y del plan de imponer su voluntad sobre los débiles y crea un tercer grupo. No hay lugar para un Superman que intenta imponer lo ideal sobre lo real (negando su complejidad y matices).

Ivan Lirá, al asociar la muerte del capitalismo con la de Superman, evidencia que la crisis, entendida en un sentido amplio y no sólo financiero, ya había mostrado síntomas con anterioridad. Cuando la sociedad ya no encuentra en la imagen del superhéroe los valores idealizados que la sociedad anhela (y que deben ser protegidos por el superhéroe), estamos ante una sociedad con otros valores o necesitada de otros superhéroes. Y Superman y el mundo que quiso salvar están (o siguen) en crisis.