martes, 16 de junio de 2009

El follonero y Otegi

Por lo general, siempre encuentro divertido Salvados, el programa de Jordi Évole, el Follonero, en la Sexta. Me gusta, especialmente, lo que tiene de provocador cuando expone a personas (principalmente políticos) habituadas a los medios a situaciones y entrevistas poco convencionales. Algunos aprovechan para mostrar un lado más amable y otros para decir lo que piensan. En la entrevista del Follonero con Otegi ocurrieron ambas cosas.

La cobertura mediática nacional de Iniciativa Internacionalista, el partido de Alfonso Sastre respaldado por Otegi, se perdió en los momentos en que se supo que no se iba a ilegalizar. No es que fuera el único partido silenciado pero sí que era relevante que un partido abertzale volviera a concurrir a las elecciones. El Follonero (si bien con las elecciones ya terminadas) visitó a Otegi en su ambiente, con un auditorio repleto, y reflejó el ambiente hermético y desconfiado que caracteriza a la izquierda abertzale.

El Follonero estuvo bien con sus referencias al tradicionalismo, a las televisiones españolas, a las causas, a Clemente, a Eurovisión y Otegi estuvo simpático, defendiendo sus puntos de vista y sonriendo para evitar contestar cuando sus comentarios hubieran desentonado con el desenfado del Follonero. No se consiguió el objetivo de conseguir una condena de la violencia por parte de Otegi. Batasuna nunca condenará la violencia porque si lo hiciera, reconocería que es la causa que impide el proceso de paz y no una consecuencia de la represión del Estado español (que conste que me limito a seguir la lógica abertzale, por si acaso). Pero el Follonero estuvo divertido e irreverente apelando al sentido común (y no tanto a los discursos políticos). Quedó bien claro por qué el inmovilismo ideológico seguirá impidiendo cualquier avance hacia un entendimiento en el País Vasco. Quedó claro que en el lenguaje de "un militante de izquierdas independentista" términos como la "cultura democrática" o "la manera civilizada" se basan en ideas abstractas cuya definición depende de una sola parte.



Igual de interesante fue el ejercicio de mostrar la entrevista a Montserrat Domínguez y Luis María Ansón. Podría sorprender que Ansón se mostrara tan positivo pero, en su favor, hay que decir que siempre se ha mostrado favorable a la libertad de expresión y criticó el cierre de Egin (al igual que defendió a Jiménez Losantos y Pedro J. Ramírez). Lo más significativo de la mirada periodística progresista de Domínguez fue su conclusión: "yo no emitiría la entrevista". La periodista acusó al Follonero de dar cancha a Otegi ("hacerle el caldo gordo"). Habrá que suponer que Domínguez considera que los televidentes son incapaces de tener una opinión formada o simplemente piensa que el papel de los medios es condicionar a la gente. Todavía no veo el problema de que Otegi pareciera simpático en la entrevista. A mí me parece que se conserva bastante bien a sus 50 años (con algunos de ellos en la cárcel y 3 años más joven que Rajoy) y no por eso comparto sus ideas. Es más, prefiero su estilo de camiseta y chaqueta que el de traje de la mayoría de los políticos varones. Pero quizás no debería seguir para no hacerle más caldo gordo...

No es que el Follonero se encargara de poner a cada uno en su lugar, sino que cada uno se puso en su lugar. El periódico Gara ha aprovechado la actitud de Montserrat Domínguez para hablar de los "golpes psicológicos" del Estado follonero de Rubalcaba. Denuncian las últimas detenciones y que se quiera censurar a Otegi porque quedaba "bien". Lo que pasa es que Otegi no quedaba bien. Simplemente no quedaba mal. Como diría el Follonero, demasiada cabezonería.

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