jueves, 25 de junio de 2009

Hablamos de política

Esta semana me han ocurrido dos pequeñas anécdotas que me han llevado a pensar en cuándo y cómo hablamos de política. Quitando las ocasiones en las que una persona (y ocurre muy a menudo) no habla de política porque no le interesa, en otras ocasiones algunos eluden hablar de política para evitar discrepancias y en otras, se puede eludir hablar políticamente asumiendo, sin saberlo, un discurso político. Me explico.

Estaba escribiendo junto con una colega un artículo. Tras enviarle una de las partes que yo había escrito, recibí el siguiente comentario: "Estoy de acuerdo pero creo que es demasiado subjetivo". La subjetividad no era otra que haber calificado de "ultraderecha" al partido de ultraderecha danés. Sustituí el término por "partido populista de derecha radical", coloqué una cita al lado y listo. Pero aun así me quede preguntándome qué tiene de subjetivo llamar de ultraderecha a un partido islamofóbico que defiende la completa asimilación de los inmigrantes a los "valores daneses".

Mi impresión es que se empieza a extender la idea de que la extrema derecha no es extrema (muchos daneses la votan, está en el parlamento y apoya el gobierno) y a este paso no va a ser ni derecha. Para poder convivir con ello, quizás sea mejor pensar que no es tan extrema y es parte del sistema. Por eso, decía que hay gente que no quiere hablar políticamente (decir ultraderecha es algo subjetivo, una opinión política) pero terminan por asumir un discurso político bastante peligroso. No parece muy recomendable normalizar los principios de la ultraderecha y menos cuando otros partidos tratan de amoldar su discurso en temas como la inmigración para obtener más votos.


Por eso me resultó tan llamativo escuchar a alguien hablar claro y alto de política en un contexto aparentemente poco político. En el hospital, una matrona se encargó de enseñarnos las instalaciones a un grupo de futuros padres. Al empezar, la matrona se lamentó de la falta de habitaciones y el progresivo deterioro de los locales. La causa, según dijo, era la política de recortes del gobierno liberal con apoyo de la extrema derecha. Su comentario no fue aplaudido (probablemente no faltan votantes de ambos partidos en el local) y fue seguido por un místico silencio. Pero a mí me gustó oírlo. La mujer habló políticamente de un tema como la gestión de hospitales que, cada vez más, se presenta como algo despolitizado.

No es, pues, mala idea hablar de política ni encontrar los nombres adecuados para las ideas y prácticas que cada día vivimos. La política tiene consecuencias en la vida cotidiana. Ahora lo sabe un pequeño grupo de futuros padres (y ojalá que, en el futuro, también lo sepan sus hijos).

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