lunes, 14 de septiembre de 2009

Documental y manipulación

En la Mostra de Venecia, han coincido las presentaciones de las nuevas películas de Michael Moore y de Oliver Stone. El primero denuncia los excesos del capitalismo y el segundo da testimonio de los cambios políticos en América Latina encabezados por Hugo Chávez.

Viendo Días de Cine, me llama la atención el modo en que estas películas son valoradas por la crítica. Ya en El País, se incidía en lo caro que resulta entrevistar a Michael Moore. De este modo, se desprestigia al mensajero -Michale Moore- por capitalista y, de paso, el mensaje -su película Capitalism: a love story-, que es una crítica al capitalismo. Tras la censura a los honorarios de Moore, hemos de asumir que se oculta la premisa de que sólo está bien cobrar 2.000 euros por entrevista si eres un capitalista. O que sólo puedes ser anticapitalista si cobras menos de 2.000 euros. Supongo.



Con todo lo más común, es atacar al punto de vista del director: "El envoltorio [es] entretenido pero peligroso. Deja demasiadas puertas abiertas a la manipulación". Espero que el comentarista no entre por todas las puertas. Yo siempre he valorado como positivo que una película abra puertas -eso sí, no cuando todas ellas llevan al mismo camino. Afirmar que Moore es un manipulador es, cuanto menos extraño. Frente al carácter aparentemente objetivo e impersonal del documental, Moore asume la primera persona y se convierte en narrador y actor principal de la historia. No manipula ni más ni menos que un ensayista o un tertuliano. Un periodista de la COPE -o de la SER- no manipula, sino que opina.

Con independencia de lo que cobre -que seguro que es mucho-, Moore pone las cartas encima de la mesa y habla de temas que no son tan comunes -por mucho que la prensa insista en tildarlos de obvios. No imagino que El Mundo haya dedicado muchas páginas de su periódico a denunciar la codicia de Wall Street, como hace Moore. Mi impresión es que cada vez es más difícil documentar la ideología -esto es, hacer visibles algunos de los principios ideológicos. No porque éstos no existan sino porque las criticas son presentadas como maniqueas, manipuladoras, simplistas o partidistas. Y eso que manipular es rentable y se puede ganar 2.000 euros por entrevista. Pronto, la manipulación empezará a cotizar en bolsa. ¿O acaso lo hace ya?


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