viernes, 9 de diciembre de 2011

Danny Glover en Occupy Oakland

Cuando Obama era candidato a la presidencia, se habló mucho de un nuevo lenguaje político, de la política de la emoción, el poder transformador de la palabra. Todas estas cosas se han ido diluyendo, al igual que la idea de cambio. Pero aquí podemos ver a Danny Glover en su intervención en Occupy Oakland. La palabra sí que recupera en este vídeo su potencial de cambio y, sí, también de emoción. Es un discurso político brillante, realizado desde fuera del sistema político. Lo cual ya no sorprende.

martes, 22 de noviembre de 2011

Perdiendo el control, ganando elecciones

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 22 de noviembre de 2011

Perdiendo el control? Esta pregunta daba título a una obra escrita por la socióloga Saskia Sassen en 1996. La tesis consistía, brevemente, en que los Estados-nación ya no son los únicos poseedores de la soberanía. De hecho, la soberanía nacional ha sido desafiada por el creciente poder del mercado global de capitales y su capacidad de influir en la política nacional.

Ese mismo año, Aznar lograba la victoria para el PP. La recesión mundial pasó factura al Gobierno del PSOE, liderado por un Felipe González en caída libre, y el PP inició una dura política económica para cumplir los criterios de convergencia fijados por el Tratado de Maastricht. Era una muestra inicial de cómo la economía nacional debía ajustarse a las demandas de la economía internacional. Con todo, la crisis no era comparable a la actual.

Ahora es el turno de Rajoy, victorioso ante otro fin de ciclo político socialista. Han pasado 15 años y la pérdida de control de los Estados-nación se ha hecho mucho más evidente. Se han nombrado gobiernos de tecnócratas en Italia y Grecia, y Zapatero también dio su giro tecnócrata en el 2010 para calmar a los mercados. Consiguió mantenerse en el poder pero el PSOE perdió primero su identidad política y, ahora, 59 escaños.

Durante la campaña electoral, Mariano Rajoy tuvo que pedir a los mercados un mínimo de margen para poder actuar. Pero los mercados ya daban por hecho el cambio de gobierno y lo que exigían era una firme voluntad por llevar a cabo duras reformas. Antes de tomar las primeras medidas, tenía que quedar claro que no le corresponde al nuevo gobierno fijar las líneas rojas de la austeridad sino al mercado, encargado de imponerla.

La pregunta queda todavía pendiente: ¿cómo controlar los mercados para evitar que los mercados controlen a los gobiernos? Rajoy apeló en su campaña a la soberanía nacional para desmarcarse de las demandas del 15M. El entonces candidato defendió el valor de la política y proclamó que «lo que llega ahora es la época de los buenos gobernantes elegidos por los ciudadanos que son los representantes de la soberanía nacional». Los ciudadanos representan, efectivamente, la soberanía nacional, lo que no queda tan claro es que los Estados puedan hacer prevalecer la soberanía nacional frente a los intereses del mercado. Ni Rajoy, dado a no prometer milagros, ni los buenos gobernantes pueden asegurarlo.

El PP ha conseguido un poder político absoluto, en el ámbito municipal, regional y ahora nacional, pero no es suficiente si no consigue extender ese poder al ámbito europeo. La labor del buen gobernante Rajoy consistirá en ganarse la confianza de otros gobernantes europeos (Merkel y Sarkozy a la cabeza) y de los mercados. La alegría en la Unión Europea sobre la victoria del PP está más que justificada: no hay que pasar por el mal trago de imponer un gobierno de tecnócratas y el nuevo gobierno es fuerte y cuenta con la legitimidad democrática de las urnas.

A falta de control sobre el poder económico global, la 'refundación del capitalismo' requiere mayores recortes sociales. Rajoy lo sabe y espera contar con el apoyo de los votantes que han asumido la necesidad de sacrificios y confían en que ello sirva para crear empleo. La aplicación de medidas para lograr la 'estabilidad económica y presupuestaria' tendrá que superar el malestar social que provocará. La mayoría absoluta conseguirá lo primero mientras que lo segundo dependerá del vigor de la sociedad civil.

Rosa Díez ha declarado que el bipartidismo ha terminado. No le falta razón pero ha sido a costa del surgimiento del unipartidismo y del hundimiento de un partido. Es valioso que nuevos partidos vayan a expresar su opinión en la tribuna del parlamento pero paradójicamente la toma de decisiones estará solo en manos de uno. Quizás no sea la hora de la política: un partido es el depositario de un poder absoluto y va a actuar en nombre de las exigencias de la Unión Europea y los mercados. Pero el PP ha ganado las elecciones y eso debería reflejar la voluntad de los ciudadanos soberanos. Es la hora de la democracia. O no.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Democracia griega: entre comedia y tragedia

Es bastante lastimoso ver lo que está pasando estos días con Grecia y la Unión Europea. Papandréu convoca un referéndum y la Unión Europea, en tono amenazador, critica esta medida. Uno no puede dejar de preguntarse cuáles son los límites actuales de la soberanía popular (ya que los ciudadanos no pueden usar los cauces establecidos para opinar) y de la soberanía nacional (un Estado no puede decidir cuál es la mejor opción para sus ciudadanos).

Pero resulta que no. El referéndum no era para que los ciudadanos expresaran su opinión y la Unión Europea, por tanto, se equivocaba al preocuparse. El objetivo era persuadir a la derecha política para que formara un gobierno de coalición, ya que la derecha sociológica sí que hubiera votado en favor del plan de rescate.

En conclusión, todo es un juego político (o de políticos) y no hay espacio para la política (la de los ciudadanos). La historia sería perfecta para una comedia griega pero no tiene ninguna gracia. Es más bien una tragedia.

martes, 1 de noviembre de 2011

La niña del 15-M

Aparecido en el diario La Rioja el 1 de noviembre de 2011

El 15-M, en esta ocasión el 15-O, volvió a demostrar una vez más que persisten el malestar social y la desconfianza ante los que gobiernan y que se señala a los bancos y a las grandes corporaciones como los responsables del nuevo (des)orden económico. Así se vio en Logroño, donde 5.000 ciudadanos volvieron a 'ocupar' las calles y situaron la capital riojana en el mapa de la indignación global.

Un amigo me comentó días después que su hija de 7 años le había preguntado por qué se manifestaba la gente. La pregunta de por sí es difícil de contestar, pero más aún cuando uno intenta ser pedagógico y explicar las cosas a los niños. No recuerdo cómo el padre logró salir del apuro. Lo que sí pensé en aquel entonces es que si había un 15-M para todos, también debía de haber un 15-M para niños. Y que si los adultos podían tratar de explicar a los niños el porqué del 15-M, los niños podrían hacer lo propio con los mayores.

En plena manifestación del 15-O, hubo una parada obligada frente a uno de los bancos en los alrededores de la plaza del Espolón. Los 'monos blancos' (los llamo así por la indumentaria llevada por los jóvenes, que me recordaba a la que popularizaron los activistas italianos en las protestas antiglobalización hace una década) realizaron la siguiente acción: precintaron las puertas del banco y colocaron carteles que indicaban que nos hallábamos ante una zona peligrosa.

Los manifestantes allí presentes se dirigían hacia el banco con las manos alzadas al grito de «manos arriba, esto es un atraco». Hasta ahí nada sorprendente, quizás. Pero en aquel momento me llamó la atención una niña de unos 6 años que, sobre los hombros de su padre, alzaba igualmente las manos y en tono festivo repetía la misma frase. Se podrá decir que, claro, la niña repite lo que hacen y dicen los demás. Y, sin embargo, yo no pude evitar sentir la emoción que asoma también en los momentos de protesta.


El simbolismo de la imagen es obvio pero no deja de ser poderoso: el relevo generacional de una niña sobre los hombros de su padre. Apoyada sobre él, la niña es capaz de ver más desde las alturas y vislumbrar lo que nos espera en un futuro incierto. Con todo, lo más significativo es el gesto: las manos arriba. Es un gesto que pone en evidencia a los poderosos, a los que abusan de su dinero y de su influencia y se enriquecen sin pensar en los demás. La niña de 6 años, sabiéndolo o no, ya había aprendido eso.

Activistas y académicos emplean el término 'actos prefigurativos' para referirse a los actos que reflejan el modo en que la sociedad debería ser en el futuro. Los gestos (en este caso, el rechazo ante los poderosos) dan forma a una voluntad de cambio que cuestiona el orden existente y promueve una forma alternativa de entender las relaciones sociales. La niña, sobre los hombros de su padre y con sus manos alzadas, contribuye a prefigurar el cambio social y es, a su vez, parte del cambio.

De este modo, los niños participan y pueden entender el 15M e, incluso, pueden ayudarnos a entender lo que está pasando. La política puede ser asimismo fuente de emoción cuando se basa en la creación de un lenguaje común que abogue por un mundo más justo. Actos como participar, dialogar, alzar las manos, aplaudir en silencio, respetar la palabra del otro, prefiguran otro mundo posible y constituyen un manual para la educación en ciudadanía práctica que deberíamos preservar.

Dado que hay un acuerdo en que el futuro pertenece a los niños, no puedo evitar recordar las palabras de un candidato a la presidencia española hace unos tres años. El candidato, mirando a cámara, también hablaba de una niña (aunque ficticia), que iba a disfrutar de su futuro en el país próspero (también ficticio) que su gobierno lograría en caso de llegar al poder. Intento borrar esa imagen de mi mente y pienso de nuevo en la niña con las manos en alto. Una niña que no está esperando a que un presidente le prometa por televisión un futuro mejor, sino que decide ella misma ser partícipe de la construcción de ese futuro. En la calle y en 15-O.

lunes, 10 de octubre de 2011

Socialdemocracia en crisis

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 10 de octubre de 2011.

La conferencia política del PSOE debería haber servido para dar un mayor impulso ideológico a un partido cuyas señas de identidad se empezaron a desdibujar a partir de mayo del 2010. Zapatero decidió en aquel entonces dedicarse a gobernar para los mercados bajo la amenaza del rescate, aunque para ello tuviera que sacrificar su proyecto político. Ahora que termina su segunda legislatura, es un buen momento para valorar el legado ideológico de Zapatero tras ganar el 35º Congreso del PSOE en el 2000.

La historia es conocida. Zapatero logró ganar las elecciones primarias del partido en colaboración con una nueva generación de diputados socialistas que formaron el grupo Nueva Vía. La inspiración de estos jóvenes políticos en la tercera vía de Tony Blair es evidente. Sin embargo, el giro social liberal, emprendido por los laboristas británicos, se mostró bien pronto problemático por su defensa del libre mercado y su alineamiento con la política exterior belicista de George Bush.

De ahí que hiciera faltar encontrar un ideario y un lenguaje distintos. Para ello, Zapatero no partió de la experiencia política concreta, como pasó con la tercera vía, sino de la teoría política del republicanismo, elaborada por Philip Pettit. Zapatero rebautizó a esta propuesta como socialismo cívico, basado en un principio ideológico sencillo y eficaz: la no dominación, esto es, para que las personas sean libres, tienen que gozar de igualdad de posibilidades y no ser coaccionadas por el poder.

A la luz de este principio, se puede entender una labor política y legislativa considerable cuyo fin consistía en aumentar los derechos civiles: la ley de matrimonios entre personas del mismo sexo, la ley integral contra la violencia de género, la ley de igualdad, la ley de dependencia, el plan estratégico de ciudadanía e integración, y, más recientemente, la ley del aborto. Por otro lado, se incrementó el esfuerzo por difundir una cultura cívica en el campo de la educación, con la incorporación de Educación para la Ciudadanía, y en el ámbito de la historia colectiva, con la Ley de Memoria Histórica.

Algunas de estas medidas fueron aprobadas con las protestas y el rechazo de determinados grupos sociales. Esto no es necesariamente negativo, ya que el espacio público fue concebido como un espacio para la deliberación colectiva y la exposición de argumentos contrarios. En otras palabras, hubo espacio para discutir opiniones enfrentadas. Desgraciadamente, el tono estuvo marcado por la crispación y no por la voluntad de llegar a un acuerdo.

Con los primeros síntomas de la crisis, el socialismo cívico fue dejando paso a la política de la comunicación, con un intento ingenuo de negar la gravedad de la crisis. Se evidenció pronto la principal carencia del socialismo cívico: nunca fue concebido como una alternativa económica. La desafortunada frase de Zapatero «bajar los impuestos es de izquierdas» y la supresión del impuesto sobre el patrimonio marcaron la falta de una política fiscal destinada a corregir las desigualdades sociales. Además, como reconoce ahora el candidato Rubalcaba, mantener el modelo de crecimiento basado en el ladrillo fue un gran error.

En su discurso durante la conferencia política del PSOE, Zapatero equiparó el valor de los derechos sociales, alcanzados durante la primera legislatura, con el hecho de haber evitado que España tuviera que pedir ayuda. El propio Zapatero cierra así el ciclo del socialismo cívico como alternativa para refundar la socialdemocracia. Siguiendo su lógica, los derechos sociales son un avance pero no mayor que seguir las leyes dictadas por el mercado.

Tras el intento, prometedor al principio y amargo al final, por encontrar nuevos fundamentos para la socialdemocracia, el proyecto socialista queda reducido a sus mínimos: defensa de la sanidad, la educación y, no sin contradicciones, del sistema de pensiones. Son tiempos de crisis, también para la socialdemocracia, que olvidó que la redistribución económica siempre ha sido parte fundamental y distintiva de su ideario.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Dinamarca: la izquierda puede ganar

Aparecido en el diario electrónico Rebelión el 17 de septiembre de 2011

Tras diez años en el poder, el gobierno liberal-conservador perdió ayer las elecciones. El proyecto iniciado por Anders Fogh Rasmussen (actual director de la OTAN) y asumido en los últimos años por su sucesor, Lars Løkke Rasumussen, ha combinado las políticas neoliberales (traducidas en recortes de los servicios públicos y en la reducción de impuestos) con las políticas de inmigración más duras de toda Europa. Está claro que el partido de extrema derecha, el Partido Popular Danés, ha influido y mucho en este segundo aspecto, pero también lo es que el gobierno se ha sentido cómodo y respaldado con dicha compañía.

La victoria del bloque rojo, encabezado por la socialemócrata Helle Thorning-Schmidt (poco se ha insistido durante la campaña en el hecho de que va a ser la primera mujer que ocupe el puesto de primera ministra), ha sido muy ajustada. Las tres semanas de campaña electoral han jugado en contra de los dos partidos (el Partido Socialdemócrata y el Partido Socialista Popular) que se habían presentado conjuntamente como alternativa al gobierno liberal-conservador.

A continuación, me gustaría presentar algunas reflexiones y claves para entender la victoria (pequeña en porcentaje pero grande en el impacto político que podría tener) de la izquierda:



1) Siguiendo el modelo noruego, el Partido Socialdemócrata y el Partido Socialista Popular presentó un programa común de cara a las elecciones. Fue, sin duda, el mejor modo de contrarrestar las críticas dirigidas a la izquierda por carecer de alternativa. El problema ha sido que el perfil de los dos partidos ha aparecido desdibujado. El Partido Socialista Popular (que sería un equivalente a la Izquierda Unida de Llamazares) abandonó algunos de sus principios (política de integración más abierta, un programa económico más progresista) y sus votos se han ido tanto hacia la izquierda (La Lista Única) como hacia la derecha (Izquierda Radical).

2) Hay que destacar que el programa compartido por los dos partidos presentaba medidas concretas, orientadas hacia cómo aumentar el crecimiento económico (trabajar 12 minutos más, invertir en innovación y energía verde, apoyando a las empresas del sector...). El programa tenía el mérito de centrarse en la economía y transmitir que hay un gobierno listo para tomar las riendas del país en tiempos de crisis. Sin embargo, la cantidad de votantes indecisos que han apoyado en el último momento al partido liberaldel primer ministro y a los social-liberales muestra cómo todavía está extendida la idea de que los liberales son más capaces de dirigir la economía.

3) Las propuestas para aumentar el crecimiento económico han ido acompañadas de medidas sociales para mejorar la enseñanza y el sistema sanitario públicos, así como el medioambiente. Es más, la política fiscal es todavía una herramienta necesaria del centroizquierda, ya que se ha demostrado que las políticas sociales cuestan dinero y requieren financiación. Por ejemplo, la propuesta de crear una tasa para reducir el uso del coche, acompañado de políticas activas de inversión en transporte público, molesta a los usuarios habituales de automóviles, que ven cómo su día a día saldría más caro. Pero el beneficio social (billetes de autobús y tren más barato) y ecológico (menor contaminación) es innegable.

4) El partido Izquierda Radical, de naturaleza social-liberal y equiparable en cierto sentido a UPyD, ha salido beneficiado de un doble movimiento: sus políticas progresistas en integración han atraído a los votantes moderados de izquierdas mientras que su política económica neoliberal ha logrado la confianza de los desencantados con el gobierno actual. El mayor problema del gobierno va a ser cómo sacar adelante reformas económicas progresistas a las que Izquierda Radical se opone tales como cancelar el retraso de la edad de prejubilación o aprobar un impuesto destinado a las grandes fortunas.

5) El partido más la izquierda ha conseguido, junto a Izquierda Radical, el mejor resultado en cuanto a aumento de votos. Este partido es equiparable al PCE pero renovado, lo cual es visible gracias a la presencia de mujeres jóvenes entre las principales candidatas (las listas son abiertas en Dinamarca y se vota a la persona). La Lista Única ha mantenido el perfil más claro de izquierdas, abiertamente anticapitalista y con medidas como cobrar impuestos a las transnacionales, y ello ha sido valorado por gran parte del electorado. Ahora tienen la difícil labor de influir en el nuevo gobierno, altamente condicionado por los socioliberales.

6) Lo más positivo de las elecciones es que, a pesar de las dificultades derivadas de la amplia aceptación (promovida por los medios de comunicación) de la combinación entre liberalismo económico y conservadurismo (apoyándose en la extrema derecha), la izquierda, no sin dificultades, ha podido ganar las elecciones. A lo largo de estas semanas, hemos visto diferentes proyectos de izquierda que se presentan como solución a la crisis económica actual. Ahora esperemos que podamos ver cómo estos proyectos confluyen y se aplican desde el poder. A pesar de las limitaciones, en el pasado y (mayores aun) en el futuro.

viernes, 16 de septiembre de 2011

La socialdemocracia vuelve al poder

Aparecido en Radio Francia Internacional (RFI) el 16 de septiembre de 2011

Por RFI

Helle Thorning-Schmidt se convertirá en la nueva primera ministra tras la victoria el jueves del “bloque rojo”, que puso fin a diez años de gobierno de centro-derecha que había pactado con la extrema derecha. Con 44 años, Thorning-Schmidt se convierte en la primera mujer en ocupar este cargo. La campaña estuvo centrada en los temas económicos, las amenazas de la crisis financiera global y en el mal rendimiento del país, que este año rozó la recesión, con un crecimiento del 1% en el segundo trimestre.



Escuche el análisis de Oscar García Agustín, profesor de la universidad de Aalborg en Dinamarca.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Generación cívica


Aparecido en el diario La Rioja el 3 de septiembre de 2011.

Pocos días antes de que surgiera el movimiento 15-M, el Fondo Monetario Internacional publicaba un informe sobre el riesgo de una generación perdida en España. La alta tasa de desempleo juvenil, casi el 50 por ciento de los menores de 25 años, retrata a una generación con muy pocas oportunidades de conseguir trabajo. El desempleo entre los jóvenes ya era alto. La crisis lo ha acentuado.

Está claro que el problema no sólo tiene lugar en España, aunque aquí sea más grave que en otros países. Los disturbios en Inglaterra mostraron el perfil heterogéneo de un grupo de jóvenes que saqueaban e incendiaban comercios. A pesar de la ausencia de una motivación clara, se pueden identificar distintos factores como el desempleo juvenil, la exclusión social y los recortes en los servicios públicos. Todo ello en una sociedad de consumo en la que el individuo puede cumplir sus deseos con la mera compra de un producto. Sólo que, en esta ocasión, algunos jóvenes lo hicieron sin pagar.

Parece, pues, que el desencanto y el desempleo juvenil pueden manifestarse de varias formas. La crisis económica ha provocado un cuestionamiento de la autoridad pública, con unos políticos incapaces de defender el bien común, ya que se hallan supeditados a las veleidades del mercado. Por eso, es loable que los indignados en España se hayan tomado en serio la necesidad de profundizar en la democracia y de dar voz a los ciudadanos. No falta una causa que canalice el malestar social, como pasó en Inglaterra. Los indignados proponen hacer política cuando ésta ya estaba a punto de ser borrada del mapa por la urgencia económica de los mercados.

Si hubiera que definir de algún modo la política actual, la podríamos calificar de 'política de la distancia'. El reciente acuerdo entre PSOE y PP para incluir un límite al déficit público en la Constitución ejemplifica este tipo de política, opuesta a la demanda de mayor participación ciudadana en la toma de decisiones. Los dos principales partidos estatales han alcanzado un pacto en el ocaso de la legislatura de Zapatero para mostrar cuál es la ruta económica a seguir. Con esta reforma, se culmina la gradual renuncia a recurrir a la política para gestionar la economía y poder reducir las desigualdades sociales. La reforma satisface a los gobiernos francés y alemán, también a la agencia de calificación Moody's, pero deja perplejos a los ciudadanos que ven cómo sus gobernantes descuidan su responsabilidad hacia ellos.

Con el movimiento del 15-M irrumpe la 'política de la cercanía', la defensa de la virtud cívica, según la cual todos se reconocen entre sí como ciudadanos y deciden trabajar conjuntamente por el bien común. Las acampadas, las manifestaciones, las marchas desde distintas ciudades de España crean lugares en los que los ciudadanos participan activamente en la vida pública. Los nuevos espacios políticos, cuya capital ha sido la Puerta del Sol, permiten a los rostros reconocerse y ponerse en contacto. Primero se expresa el 'no' frente a la indiferencia y después surge la necesidad de construir algo juntos.

Por muchas incertidumbres que el movimiento de los indignados despierte, conviene resaltar que la nueva generación de jóvenes está haciendo un esfuerzo por combatir su destino, que les condena a la precariedad en el futuro. Contra este vaticinio, lanzado por los mercados y asumido por los principales partidos políticos, esta generación cívica reivindica el diálogo, la creatividad social y el protagonismo de los ciudadanos. Mientras que la crisis traza un panorama desolador, el movimiento de los indignados está cimentando una cultura democrática, en un sentido amplio, desarrollada por una generación crítica y exigente que ha abandonado la resignación y ha decidido pasar a la participación. Estamos ante una generación que se está educando políticamente, aunque, ante la escasez de maestros en la clase política, lo ha hecho de forma autodidáctica. Si el compromiso cívico no se pierde, tampoco se podrá hablar de generación perdida.

lunes, 8 de agosto de 2011

Terror e integración

Aparecido en el diario La Rioja el 3 de agosto de 2011

La masacre de Noruega el 22-J fue retransmitida en tiempo real por los medios de comunicación. Como viene siendo cada vez más común, los espectadores asistieron a una tragedia antes de tener una explicación para saber lo que estaba pasando. La información inicial fue confusa y apuntaba hacia un ataque yihadista pero poco a poco las contradicciones fueron surgiendo y se habló de un ciudadano noruego, una categoría todavía un tanto confusa para revelar la autoría. Finalmente, una fotografía nos presentaba a un asesino 'étnicamente noruego' y no dejaba lugar a dudas de que no se había actuado en nombre de Alá.

La aparente amenaza islamista terminó por ser obra de un miembro de la extrema derecha. La sombra de la vulnerabilidad de Europa ante el terrorismo yihadista y la creciente 'islamización' se disiparon pronto. La amenaza provenía de quienes se consideran defensores de la patria y ven a los progresistas y a los musulmanes como los principales enemigos. Un breve repaso de la asociación entre terror e integración nos puede ayudar a entender mejor cómo hemos llegado hasta aquí.

En el 2004 el cineasta Theo van Gogh fue asesinado en Holanda por un fundamentalista de una organización islamista radical. El atentado conmocionó a la sociedad holandesa y se originó un encendido debate sobre la integración y los problemas derivados del multiculturalismo. Holanda realizó un cambio en sus políticas, abandonó el trato favorable a las minorías y empezó a exigir a los inmigrantes que asumieran mayores obligaciones.

Los ataques terroristas del 2005 en Londres hicieron saltar la alarma de nuevo. Inglaterra también se había caracterizado por su defensa del multiculturalismo. Años más tarde hay un consenso generalizado entre los líderes europeos. David Cameron, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy declararon que el multiculturalismo había fracasado. Mariano Rajoy se sumó a esta tendencia con la exigencia de un contrato de integración para los inmigrantes.

Bajo la influencia del 11-S, la política europea de integración se ha ido desarrollando como una parte fundamental de la seguridad nacional e internacional. Los asesinatos en Noruega parecían apuntar a la continuación del choque de civilizaciones. Y, sin embargo, el rostro de Anders Behring Breivik nos mostraba la faceta oculta de 'nuestra civilización'. ¿Casualidad que ocurriera en Noruega? No.
La extrema derecha política ha adquirido una gran influencia en los países nórdicos, incluyendo a la otrora Suecia multiculturalista, y ha sabido marcar el ritmo del debate sobre la integración. Dinamarca ha optado abiertamente por la defensa del asimilacionismo y que los inmigrantes se conviertan en daneses. El tono xenófobo y racista, dirigido especialmente contra los musulmanes, ha sido asumido con naturalidad por gran parte de la población. No sólo los beneficios sociales y económicos se han sentido amenazados, sino también la identidad nacional y cultural. Ni la izquierda ni el centroderecha han sabido presentar otra alternativa.

Cuando se habla de la autoría y la responsabilidad directa, hay que distinguir entre la extrema derecha parlamentaria y los grupos violentos. Pero no cuando se trata del impacto social. Existe un trasfondo ideológico compartido. La idea de que Europa está siendo invadida por el Islam no ha sido inventada por un psicópata noruego ni tampoco que el multiculturalismo sea una amenaza o que los valores nacionales estén en peligro.

La matanza del 22-J debe representar un punto de reflexión sobre los extremos hasta los que se ha llevado la relación entre terror e integración. Se ha difundido la idea del Islam como amenaza y han aumentado las exigencias de asimilación a los inmigrantes. Todo esto sin pensar que la democracia también puede ser atacada en nombre de la 'verdadera' nación o que las sociedades de acogida también deben cambiar y participar en la multiculturalidad. Es tiempo de revertir esta lógica y empezar a ver la integración como un proceso que va en dos direcciones y no como un riesgo para la seguridad.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Próxima estación: ¿Sol o Moncloa?

Aparecido en el diario La Rioja el 30 de mayo de 2011

ZP nos falló y nos reprime» era uno de los lemas que se podía leer en las pancartas de los manifestantes de la Puerta del Sol haciéndose eco de los gritos «No nos falles», para que el recién elegido presidente cumpliera su palabra en el 2004. La voz de los ciudadanos en las calles, indignados ante la manipulación ejercida por el PP tras los atentados del 11-M, inició un ciclo. Años después, la indignación, de nuevo de los ciudadanos ante un gobierno que no escucha ni responde a sus demandas, cierra el ciclo del gobierno de ZP.

El PSOE se ha apresurado a culpar a la crisis económica. Es cierto, pero sólo en parte. Los titubeos iniciales sobre si estábamos ante un decrecimiento, una recesión o una crisis sembraron la confusión. Los recortes sociales hicieron el resto. El discurso socialdemócrata del gobierno fue desvaneciéndose y el argumento de vamos a salvaguardar el Estado del Bienestar a base de eliminar las prestaciones sociales ha demostrado ser insostenible. El centro-izquierda volvía a exhibir sus debilidades tras abandonar parte de sus principios redistributivos y adherirse a la lógica del libre mercado, al igual que la derecha que gobierna Europa en la actualidad.

La crisis económica debería haber dejado ver al emperador desnudo. Sin los ropajes del capitalismo especulativo, los ciudadanos podían observar los excesos de un sistema movido por el individualismo y el interés propio. Los políticos, como se insinuó en un principio, podían haber optado por un New Deal y recuperar la cordura social y paliar las desigualdades económicas. Sin embargo, el desarrollo fue bien diferente. El Estado recuperó un papel predominante, pero para apoyar al capital, y los políticos se apresuraron en buscar nuevas vestimentas para que el emperador pudiera seguir paseando desnudo.

Zapatero asumió la labor de buscar esas nuevas ropas y no le importó entrar en contradicción con lo que había dicho antes y deshacer lo que había hecho. Por si fuera poco, la misión actual de ZP es finalizar su mandato para llevar a cabo las reformas «imprescindibles». El PP disfruta así de una posición cómoda y ya ha recogido sus primeros frutos en las elecciones del 22-M. Sin tener que cambiar su estrategia de descalificación permanente, los populares sienten la legitimación de las urnas y la autoconfianza de quien se siente ganador.

El PP no ha tenido necesidad de pronunciarse sobre el modelo económico que provocó la crisis, ni siquiera se ha sentido obligado a ofrecer propuestas. La oposición se ha basado en la crítica de las acciones del gobierno con el punto de mira puesto en las elecciones y en llegar al poder. Las contradicciones parecen no importar: mientras que el PP de la oposición se presenta como defensor de los débiles y de los afectados por la crisis, el PP del gobierno sugiere más recortes sociales e incentivos para las empresas. La corrupción y el descrédito de la clase política tampoco le afectan. Su base electoral es amplia y sólida y a ella ha sumado parte de los votantes desencantados.

Las manifestaciones del 15M revitalizaron la política no restringida sólo a los políticos. Cuando las palabras, en forma de promesas electorales, pierden su sentido, es loable que sean los ciudadanos quienes tomen la palabra y se apropien de los espacios públicos. Mejor que hablar de los problemas que interesan a los ciudadanos, como repite con insistencia el PP, es que los propios ciudadanos hablen. La imagen de la Puerta del Sol nos recuerda que otra política es posible pero los resultados electorales nos recuerdan, al mismo tiempo, que hay un sistema que ya existe.

La izquierda debe encontrar caminos que combinen la vía representativa y la expresiva si lo que quiere es ampliar el significado de hacer política. El PSOE necesita recuperar, entre otras cosas, la confianza del ciudadano. IU tiene que demostrar que no es uno más de la desprestigiada clase política. Mientras estos partidos miran a Sol, el PP, por su parte, elige el camino directo para llegar a Moncloa. Esto probablemente agradará a sus votantes pero no debería ser suficiente para los ciudadanos.