sábado, 17 de septiembre de 2011

Dinamarca: la izquierda puede ganar

Aparecido en el diario electrónico Rebelión el 17 de septiembre de 2011

Tras diez años en el poder, el gobierno liberal-conservador perdió ayer las elecciones. El proyecto iniciado por Anders Fogh Rasmussen (actual director de la OTAN) y asumido en los últimos años por su sucesor, Lars Løkke Rasumussen, ha combinado las políticas neoliberales (traducidas en recortes de los servicios públicos y en la reducción de impuestos) con las políticas de inmigración más duras de toda Europa. Está claro que el partido de extrema derecha, el Partido Popular Danés, ha influido y mucho en este segundo aspecto, pero también lo es que el gobierno se ha sentido cómodo y respaldado con dicha compañía.

La victoria del bloque rojo, encabezado por la socialemócrata Helle Thorning-Schmidt (poco se ha insistido durante la campaña en el hecho de que va a ser la primera mujer que ocupe el puesto de primera ministra), ha sido muy ajustada. Las tres semanas de campaña electoral han jugado en contra de los dos partidos (el Partido Socialdemócrata y el Partido Socialista Popular) que se habían presentado conjuntamente como alternativa al gobierno liberal-conservador.

A continuación, me gustaría presentar algunas reflexiones y claves para entender la victoria (pequeña en porcentaje pero grande en el impacto político que podría tener) de la izquierda:



1) Siguiendo el modelo noruego, el Partido Socialdemócrata y el Partido Socialista Popular presentó un programa común de cara a las elecciones. Fue, sin duda, el mejor modo de contrarrestar las críticas dirigidas a la izquierda por carecer de alternativa. El problema ha sido que el perfil de los dos partidos ha aparecido desdibujado. El Partido Socialista Popular (que sería un equivalente a la Izquierda Unida de Llamazares) abandonó algunos de sus principios (política de integración más abierta, un programa económico más progresista) y sus votos se han ido tanto hacia la izquierda (La Lista Única) como hacia la derecha (Izquierda Radical).

2) Hay que destacar que el programa compartido por los dos partidos presentaba medidas concretas, orientadas hacia cómo aumentar el crecimiento económico (trabajar 12 minutos más, invertir en innovación y energía verde, apoyando a las empresas del sector...). El programa tenía el mérito de centrarse en la economía y transmitir que hay un gobierno listo para tomar las riendas del país en tiempos de crisis. Sin embargo, la cantidad de votantes indecisos que han apoyado en el último momento al partido liberaldel primer ministro y a los social-liberales muestra cómo todavía está extendida la idea de que los liberales son más capaces de dirigir la economía.

3) Las propuestas para aumentar el crecimiento económico han ido acompañadas de medidas sociales para mejorar la enseñanza y el sistema sanitario públicos, así como el medioambiente. Es más, la política fiscal es todavía una herramienta necesaria del centroizquierda, ya que se ha demostrado que las políticas sociales cuestan dinero y requieren financiación. Por ejemplo, la propuesta de crear una tasa para reducir el uso del coche, acompañado de políticas activas de inversión en transporte público, molesta a los usuarios habituales de automóviles, que ven cómo su día a día saldría más caro. Pero el beneficio social (billetes de autobús y tren más barato) y ecológico (menor contaminación) es innegable.

4) El partido Izquierda Radical, de naturaleza social-liberal y equiparable en cierto sentido a UPyD, ha salido beneficiado de un doble movimiento: sus políticas progresistas en integración han atraído a los votantes moderados de izquierdas mientras que su política económica neoliberal ha logrado la confianza de los desencantados con el gobierno actual. El mayor problema del gobierno va a ser cómo sacar adelante reformas económicas progresistas a las que Izquierda Radical se opone tales como cancelar el retraso de la edad de prejubilación o aprobar un impuesto destinado a las grandes fortunas.

5) El partido más la izquierda ha conseguido, junto a Izquierda Radical, el mejor resultado en cuanto a aumento de votos. Este partido es equiparable al PCE pero renovado, lo cual es visible gracias a la presencia de mujeres jóvenes entre las principales candidatas (las listas son abiertas en Dinamarca y se vota a la persona). La Lista Única ha mantenido el perfil más claro de izquierdas, abiertamente anticapitalista y con medidas como cobrar impuestos a las transnacionales, y ello ha sido valorado por gran parte del electorado. Ahora tienen la difícil labor de influir en el nuevo gobierno, altamente condicionado por los socioliberales.

6) Lo más positivo de las elecciones es que, a pesar de las dificultades derivadas de la amplia aceptación (promovida por los medios de comunicación) de la combinación entre liberalismo económico y conservadurismo (apoyándose en la extrema derecha), la izquierda, no sin dificultades, ha podido ganar las elecciones. A lo largo de estas semanas, hemos visto diferentes proyectos de izquierda que se presentan como solución a la crisis económica actual. Ahora esperemos que podamos ver cómo estos proyectos confluyen y se aplican desde el poder. A pesar de las limitaciones, en el pasado y (mayores aun) en el futuro.

viernes, 16 de septiembre de 2011

La socialdemocracia vuelve al poder

Aparecido en Radio Francia Internacional (RFI) el 16 de septiembre de 2011

Por RFI

Helle Thorning-Schmidt se convertirá en la nueva primera ministra tras la victoria el jueves del “bloque rojo”, que puso fin a diez años de gobierno de centro-derecha que había pactado con la extrema derecha. Con 44 años, Thorning-Schmidt se convierte en la primera mujer en ocupar este cargo. La campaña estuvo centrada en los temas económicos, las amenazas de la crisis financiera global y en el mal rendimiento del país, que este año rozó la recesión, con un crecimiento del 1% en el segundo trimestre.



Escuche el análisis de Oscar García Agustín, profesor de la universidad de Aalborg en Dinamarca.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Generación cívica


Aparecido en el diario La Rioja el 3 de septiembre de 2011.

Pocos días antes de que surgiera el movimiento 15-M, el Fondo Monetario Internacional publicaba un informe sobre el riesgo de una generación perdida en España. La alta tasa de desempleo juvenil, casi el 50 por ciento de los menores de 25 años, retrata a una generación con muy pocas oportunidades de conseguir trabajo. El desempleo entre los jóvenes ya era alto. La crisis lo ha acentuado.

Está claro que el problema no sólo tiene lugar en España, aunque aquí sea más grave que en otros países. Los disturbios en Inglaterra mostraron el perfil heterogéneo de un grupo de jóvenes que saqueaban e incendiaban comercios. A pesar de la ausencia de una motivación clara, se pueden identificar distintos factores como el desempleo juvenil, la exclusión social y los recortes en los servicios públicos. Todo ello en una sociedad de consumo en la que el individuo puede cumplir sus deseos con la mera compra de un producto. Sólo que, en esta ocasión, algunos jóvenes lo hicieron sin pagar.

Parece, pues, que el desencanto y el desempleo juvenil pueden manifestarse de varias formas. La crisis económica ha provocado un cuestionamiento de la autoridad pública, con unos políticos incapaces de defender el bien común, ya que se hallan supeditados a las veleidades del mercado. Por eso, es loable que los indignados en España se hayan tomado en serio la necesidad de profundizar en la democracia y de dar voz a los ciudadanos. No falta una causa que canalice el malestar social, como pasó en Inglaterra. Los indignados proponen hacer política cuando ésta ya estaba a punto de ser borrada del mapa por la urgencia económica de los mercados.

Si hubiera que definir de algún modo la política actual, la podríamos calificar de 'política de la distancia'. El reciente acuerdo entre PSOE y PP para incluir un límite al déficit público en la Constitución ejemplifica este tipo de política, opuesta a la demanda de mayor participación ciudadana en la toma de decisiones. Los dos principales partidos estatales han alcanzado un pacto en el ocaso de la legislatura de Zapatero para mostrar cuál es la ruta económica a seguir. Con esta reforma, se culmina la gradual renuncia a recurrir a la política para gestionar la economía y poder reducir las desigualdades sociales. La reforma satisface a los gobiernos francés y alemán, también a la agencia de calificación Moody's, pero deja perplejos a los ciudadanos que ven cómo sus gobernantes descuidan su responsabilidad hacia ellos.

Con el movimiento del 15-M irrumpe la 'política de la cercanía', la defensa de la virtud cívica, según la cual todos se reconocen entre sí como ciudadanos y deciden trabajar conjuntamente por el bien común. Las acampadas, las manifestaciones, las marchas desde distintas ciudades de España crean lugares en los que los ciudadanos participan activamente en la vida pública. Los nuevos espacios políticos, cuya capital ha sido la Puerta del Sol, permiten a los rostros reconocerse y ponerse en contacto. Primero se expresa el 'no' frente a la indiferencia y después surge la necesidad de construir algo juntos.

Por muchas incertidumbres que el movimiento de los indignados despierte, conviene resaltar que la nueva generación de jóvenes está haciendo un esfuerzo por combatir su destino, que les condena a la precariedad en el futuro. Contra este vaticinio, lanzado por los mercados y asumido por los principales partidos políticos, esta generación cívica reivindica el diálogo, la creatividad social y el protagonismo de los ciudadanos. Mientras que la crisis traza un panorama desolador, el movimiento de los indignados está cimentando una cultura democrática, en un sentido amplio, desarrollada por una generación crítica y exigente que ha abandonado la resignación y ha decidido pasar a la participación. Estamos ante una generación que se está educando políticamente, aunque, ante la escasez de maestros en la clase política, lo ha hecho de forma autodidáctica. Si el compromiso cívico no se pierde, tampoco se podrá hablar de generación perdida.