martes, 22 de noviembre de 2011

Perdiendo el control, ganando elecciones

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 22 de noviembre de 2011

Perdiendo el control? Esta pregunta daba título a una obra escrita por la socióloga Saskia Sassen en 1996. La tesis consistía, brevemente, en que los Estados-nación ya no son los únicos poseedores de la soberanía. De hecho, la soberanía nacional ha sido desafiada por el creciente poder del mercado global de capitales y su capacidad de influir en la política nacional.

Ese mismo año, Aznar lograba la victoria para el PP. La recesión mundial pasó factura al Gobierno del PSOE, liderado por un Felipe González en caída libre, y el PP inició una dura política económica para cumplir los criterios de convergencia fijados por el Tratado de Maastricht. Era una muestra inicial de cómo la economía nacional debía ajustarse a las demandas de la economía internacional. Con todo, la crisis no era comparable a la actual.

Ahora es el turno de Rajoy, victorioso ante otro fin de ciclo político socialista. Han pasado 15 años y la pérdida de control de los Estados-nación se ha hecho mucho más evidente. Se han nombrado gobiernos de tecnócratas en Italia y Grecia, y Zapatero también dio su giro tecnócrata en el 2010 para calmar a los mercados. Consiguió mantenerse en el poder pero el PSOE perdió primero su identidad política y, ahora, 59 escaños.

Durante la campaña electoral, Mariano Rajoy tuvo que pedir a los mercados un mínimo de margen para poder actuar. Pero los mercados ya daban por hecho el cambio de gobierno y lo que exigían era una firme voluntad por llevar a cabo duras reformas. Antes de tomar las primeras medidas, tenía que quedar claro que no le corresponde al nuevo gobierno fijar las líneas rojas de la austeridad sino al mercado, encargado de imponerla.

La pregunta queda todavía pendiente: ¿cómo controlar los mercados para evitar que los mercados controlen a los gobiernos? Rajoy apeló en su campaña a la soberanía nacional para desmarcarse de las demandas del 15M. El entonces candidato defendió el valor de la política y proclamó que «lo que llega ahora es la época de los buenos gobernantes elegidos por los ciudadanos que son los representantes de la soberanía nacional». Los ciudadanos representan, efectivamente, la soberanía nacional, lo que no queda tan claro es que los Estados puedan hacer prevalecer la soberanía nacional frente a los intereses del mercado. Ni Rajoy, dado a no prometer milagros, ni los buenos gobernantes pueden asegurarlo.

El PP ha conseguido un poder político absoluto, en el ámbito municipal, regional y ahora nacional, pero no es suficiente si no consigue extender ese poder al ámbito europeo. La labor del buen gobernante Rajoy consistirá en ganarse la confianza de otros gobernantes europeos (Merkel y Sarkozy a la cabeza) y de los mercados. La alegría en la Unión Europea sobre la victoria del PP está más que justificada: no hay que pasar por el mal trago de imponer un gobierno de tecnócratas y el nuevo gobierno es fuerte y cuenta con la legitimidad democrática de las urnas.

A falta de control sobre el poder económico global, la 'refundación del capitalismo' requiere mayores recortes sociales. Rajoy lo sabe y espera contar con el apoyo de los votantes que han asumido la necesidad de sacrificios y confían en que ello sirva para crear empleo. La aplicación de medidas para lograr la 'estabilidad económica y presupuestaria' tendrá que superar el malestar social que provocará. La mayoría absoluta conseguirá lo primero mientras que lo segundo dependerá del vigor de la sociedad civil.

Rosa Díez ha declarado que el bipartidismo ha terminado. No le falta razón pero ha sido a costa del surgimiento del unipartidismo y del hundimiento de un partido. Es valioso que nuevos partidos vayan a expresar su opinión en la tribuna del parlamento pero paradójicamente la toma de decisiones estará solo en manos de uno. Quizás no sea la hora de la política: un partido es el depositario de un poder absoluto y va a actuar en nombre de las exigencias de la Unión Europea y los mercados. Pero el PP ha ganado las elecciones y eso debería reflejar la voluntad de los ciudadanos soberanos. Es la hora de la democracia. O no.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Democracia griega: entre comedia y tragedia

Es bastante lastimoso ver lo que está pasando estos días con Grecia y la Unión Europea. Papandréu convoca un referéndum y la Unión Europea, en tono amenazador, critica esta medida. Uno no puede dejar de preguntarse cuáles son los límites actuales de la soberanía popular (ya que los ciudadanos no pueden usar los cauces establecidos para opinar) y de la soberanía nacional (un Estado no puede decidir cuál es la mejor opción para sus ciudadanos).

Pero resulta que no. El referéndum no era para que los ciudadanos expresaran su opinión y la Unión Europea, por tanto, se equivocaba al preocuparse. El objetivo era persuadir a la derecha política para que formara un gobierno de coalición, ya que la derecha sociológica sí que hubiera votado en favor del plan de rescate.

En conclusión, todo es un juego político (o de políticos) y no hay espacio para la política (la de los ciudadanos). La historia sería perfecta para una comedia griega pero no tiene ninguna gracia. Es más bien una tragedia.

martes, 1 de noviembre de 2011

La niña del 15-M

Aparecido en el diario La Rioja el 1 de noviembre de 2011

El 15-M, en esta ocasión el 15-O, volvió a demostrar una vez más que persisten el malestar social y la desconfianza ante los que gobiernan y que se señala a los bancos y a las grandes corporaciones como los responsables del nuevo (des)orden económico. Así se vio en Logroño, donde 5.000 ciudadanos volvieron a 'ocupar' las calles y situaron la capital riojana en el mapa de la indignación global.

Un amigo me comentó días después que su hija de 7 años le había preguntado por qué se manifestaba la gente. La pregunta de por sí es difícil de contestar, pero más aún cuando uno intenta ser pedagógico y explicar las cosas a los niños. No recuerdo cómo el padre logró salir del apuro. Lo que sí pensé en aquel entonces es que si había un 15-M para todos, también debía de haber un 15-M para niños. Y que si los adultos podían tratar de explicar a los niños el porqué del 15-M, los niños podrían hacer lo propio con los mayores.

En plena manifestación del 15-O, hubo una parada obligada frente a uno de los bancos en los alrededores de la plaza del Espolón. Los 'monos blancos' (los llamo así por la indumentaria llevada por los jóvenes, que me recordaba a la que popularizaron los activistas italianos en las protestas antiglobalización hace una década) realizaron la siguiente acción: precintaron las puertas del banco y colocaron carteles que indicaban que nos hallábamos ante una zona peligrosa.

Los manifestantes allí presentes se dirigían hacia el banco con las manos alzadas al grito de «manos arriba, esto es un atraco». Hasta ahí nada sorprendente, quizás. Pero en aquel momento me llamó la atención una niña de unos 6 años que, sobre los hombros de su padre, alzaba igualmente las manos y en tono festivo repetía la misma frase. Se podrá decir que, claro, la niña repite lo que hacen y dicen los demás. Y, sin embargo, yo no pude evitar sentir la emoción que asoma también en los momentos de protesta.


El simbolismo de la imagen es obvio pero no deja de ser poderoso: el relevo generacional de una niña sobre los hombros de su padre. Apoyada sobre él, la niña es capaz de ver más desde las alturas y vislumbrar lo que nos espera en un futuro incierto. Con todo, lo más significativo es el gesto: las manos arriba. Es un gesto que pone en evidencia a los poderosos, a los que abusan de su dinero y de su influencia y se enriquecen sin pensar en los demás. La niña de 6 años, sabiéndolo o no, ya había aprendido eso.

Activistas y académicos emplean el término 'actos prefigurativos' para referirse a los actos que reflejan el modo en que la sociedad debería ser en el futuro. Los gestos (en este caso, el rechazo ante los poderosos) dan forma a una voluntad de cambio que cuestiona el orden existente y promueve una forma alternativa de entender las relaciones sociales. La niña, sobre los hombros de su padre y con sus manos alzadas, contribuye a prefigurar el cambio social y es, a su vez, parte del cambio.

De este modo, los niños participan y pueden entender el 15M e, incluso, pueden ayudarnos a entender lo que está pasando. La política puede ser asimismo fuente de emoción cuando se basa en la creación de un lenguaje común que abogue por un mundo más justo. Actos como participar, dialogar, alzar las manos, aplaudir en silencio, respetar la palabra del otro, prefiguran otro mundo posible y constituyen un manual para la educación en ciudadanía práctica que deberíamos preservar.

Dado que hay un acuerdo en que el futuro pertenece a los niños, no puedo evitar recordar las palabras de un candidato a la presidencia española hace unos tres años. El candidato, mirando a cámara, también hablaba de una niña (aunque ficticia), que iba a disfrutar de su futuro en el país próspero (también ficticio) que su gobierno lograría en caso de llegar al poder. Intento borrar esa imagen de mi mente y pienso de nuevo en la niña con las manos en alto. Una niña que no está esperando a que un presidente le prometa por televisión un futuro mejor, sino que decide ella misma ser partícipe de la construcción de ese futuro. En la calle y en 15-O.