Es bastante lastimoso ver lo que está pasando estos días con Grecia y la Unión Europea. Papandréu convoca un referéndum y la Unión Europea, en tono amenazador, critica esta medida. Uno no puede dejar de preguntarse cuáles son los límites actuales de la soberanía popular (ya que los ciudadanos no pueden usar los cauces establecidos para opinar) y de la soberanía nacional (un Estado no puede decidir cuál es la mejor opción para sus ciudadanos).
Pero resulta que no. El referéndum no era para que los ciudadanos expresaran su opinión y la Unión Europea, por tanto, se equivocaba al preocuparse. El objetivo era persuadir a la derecha política para que formara un gobierno de coalición, ya que la derecha sociológica sí que hubiera votado en favor del plan de rescate.
En conclusión, todo es un juego político (o de políticos) y no hay espacio para la política (la de los ciudadanos). La historia sería perfecta para una comedia griega pero no tiene ninguna gracia. Es más bien una tragedia.
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