jueves, 15 de noviembre de 2012

Obama y el reto hispano

En el 2004 Samuel Huntington, conocido por ser el teórico del ‘choque de civilizaciones’, escribió el artículo ‘El reto hispano’ sobre la amenaza que conllevaban los hispanos para la cultura norteamericana. El autor alertaba de que la inmigración latina poseía una serie de características distintivas que la hacían peligrosa: la contigüidad entre México y Estados Unidos, la enorme cantidad de inmigrantes (muchos, irregulares) o su concentración en determinadas regiones (como Miami). Huntington apenas puede vivir con la idea de que en el 2050 el 25 % de la población sea hispana y teme que Estados Unidos no vaya a ser capaz de asimilar a los hispanos. De ser así, desaparecería la cultura norteamericana, arraigada en los valores fundacionales anglo-protestantes.
 
El apoyo rotundo de los latinos a Obama, en torno a un 75 %, entierra, al menos momentáneamente, el pensamiento conservador basado en la criminalización del inmigrante y en la asimilación cultural y lingüística como único mecanismo de integración. El hecho de que el voto latino haya sido determinante en algunos estados demuestra que el cambio social depende más de los representados (los hispanos como votantes) que de los representantes (incluyendo a Obama). Ya no se pueden proponer políticas dirigidas contra un 10 % del electorado sin ser penalizado en las urnas por ello.

En 1998, George Bush agradeció su victoria al ser elegido como gobernador de Tejas con unas palabras en español dedicadas a sus ‘amigos hispanos’ por su apoyo. Se trataba de un reconocimiento de la importancia de incluir al electorado hispano para obtener una victoria en las urnas. Sin embargo, unas palabras en español son, en la actualidad, insuficientes para contar con el voto latino. El partido republicano ha terminado por pagar su dura retórica contra la inmigración, culminada con la Ley de Arizona. Los republicanos han convertido al inmigrante indocumentado en un criminal y en sospechoso a cualquiera que parezca hispano.
Con singular torpeza, el partido republicano ha conseguido homogeneizar a un electorado de por sí muy heterogéneo. Los hispanos se han sentido ofendidos por el discurso de rechazo hacia la inmigración y se han identificado con la mayor tolerancia representada por los demócratas. No es que falten hispanos que compartan los valores políticos y morales de los republicanos, pero cualquier acercamiento queda casi imposibilitado por el discurso y la legislación anti-migratorios.
Para entender el fracaso republicano en su intento de atraer el voto latino, pensemos en uno de sus principales políticos: Marco Rubio. Hijo de exiliados cubanos y nacido en Miami, Rubio simboliza la línea dura en política migratoria: tolerancia cero contra la inmigración irregular y defensa acérrima del inglés como lengua oficial, siguiendo la filosofía del ‘sólo inglés’. No obstante, a la hora de captar el voto latino, Rubio se dirige a los hispanos en su impecable español para pedir su ayuda contra Obama. ¿Paradójico? No, es la maquinaria asimilacionista para imponer una única identidad norteamericana combinada con la maquinaria electoral para intentar diferenciar y captar el voto. No resulta extraño que, con estas contradicciones, Florida abandonara su tradición republicana para apoyar masivamente a Obama, quien ha sabido, además, implementar una política más flexible hacia Cuba.

El fracaso republicano en su atención al voto latino no es contrarrestado, precisamente, por grandes aciertos en las filas demócratas. Pensemos ahora en Julián Castro, el ‘Obama latino’, cuya abuela llegó desde México a Estados Unidos y su madre fue una activista política y fundadora del partido ‘Raza Unida’ para obtener más derechos para los mexicanos-americanos. Castro ha sido señalado como el representante del auge político hispano en EEUU y una personificación del sueño americano. Castro habla a los americanos y también a los hispanos, para asegurar su representatividad y su voto. Eso sí, hay una cuestión importante. Cuando Castro habla a los hispanos lo hace en inglés, porque no sabe hablar español. ¿Paradójico? Sí. Aunque Castro no aboga por el inglés como lengua oficial y sí por mayores oportunidades educativas y económicas para los hispanos, es el vivo ejemplo de cómo el asimilacionismo funciona en la práctica.

El partido demócrata ha sabido tomar medidas que, sin revolucionar el sistema, han satisfecho al electorado hispano, como la reforma sanitaria o el ‘acta del sueño’, dirigida a los hijos de inmigrantes irregulares para facilitar su educación superior. Con todo, el principal mérito de Obama ha sido promover que se registren más hispanos para que así puedan votar (le). De este modo, el censo electoral contribuye a que los electores (y quizás los elegidos) representen mejor la sociedad existente, con su pluralidad y contradicciones. Y, al mismo tiempo, los hispanos pueden adquirir mayor conciencia política.
 
El reto hispano no es, como pensaba Huntington, un reto para que los norteamericanos salvaguarden su identidad nacional. De hecho, la asimilación sigue vigente en republicanos y demócratas en figuras como Rubio y Castro. El reto hispano está destinado a mejorar la calidad de la democracia y la relación entre representantes y representados. Por ahora, Obama ha conseguido el voto latino mediante buenas intenciones. Sería deseable que el voto hispano no se limitara a elegir entre demócratas y republicanos, sino también a exigir políticas que respeten la diversidad y no criminalicen a los inmigrantes. No sólo Estados Unidos saldría ganando.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Endeudados

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 16 de septiembre de 2012.

El inicio de la entrevista a Mariano Rajoy el pasado lunes en Televisión Española fue significativo para entender el momento en el que nos encontramos. Primera pregunta formulada por la periodista María Casado: «Presidente, ¿España necesita un rescate?». Rajoy se muestra dubitativo y le cuesta dar forma a su respuesta. Finalmente, lo hace e intenta realizar una aproximación personalizada para lograr la comprensión del espectador. Compara la petición del rescate con la petición de un crédito para comprar una casa. Según Rajoy, el ciudadano tiene que ‘estudiárselo’ antes de pedir una hipoteca y lo mismo tiene que hacer el Gobierno.

Rajoy, inseguro, demuestra con una simple imagen su capacidad de hablar sobre los ciudadanos sin comprender sus preocupaciones. Los ciudadanos piden un préstamo, sí, pero quedan endeudados y sus consecuencias le acompañan en su día a día, desde los problemas para llegar a fin de mes hasta, en el peor de los casos, el desahucio. El endeudamiento está contribuyendo a aumentar las desigualdades sociales y, sin embargo, Rajoy cree que los ciudadanos serán más comprensivos con el Gobierno si les explica que está considerando las condiciones impuestas (que van de malas a muy malas) para obtener el préstamo.

Como señala el sociólogo Maurizzio Lazzarato, la deuda pública produce una sociedad endeudada. En estos primeros meses de gobierno, ya estamos viendo cómo los ciudadanos están teniendo que asumir los costes de la deuda (la del crédito para pagar su casa y la de la deuda pública). Ejemplos no faltan: los múltiples recortes que están padeciendo los funcionarios públicos, el desmantelamiento de la Sanidad, la reducción del presupuesto para Educación pública, el aumento del IVA en la cultura, la eliminación de servicios sanitarios gratuitos para inmigrantes indocumentados... Todos están pagando la deuda mientras que Rajoy está estudiando las condiciones del préstamo.


En la entrevista de TVE, Rajoy no se atrevió a hablar de líneas rojas y se limitó a decir que su interés era bajar el déficit público. Lo único que se comprometió a no tocar (dando a entender que tocaría todo lo demás) son las pensiones. El pensionista, dijo, «es la persona más indefensa, es el que lo tiene más difícil, ya no va a tener otra oportunidad, no va a buscar uno un puesto de trabajo a los 80 años o a los 75». La pena es que el mismo criterio no se aplica a quienes se están quedando indefensos por la crisis y sus diagnósticos. Los jóvenes tienen problemas para encontrar trabajo, aunque lo buscan, y, si la cosa sigue así, tendrán que continuar buscando trabajo a los 75 o los 80.

Cuando el nuevo Gobierno se constituyó, se nos vendió la idea de que se trataba de un Ejecutivo competente, de un conjunto de gente preparada para gestionar la crisis. Algo similar a lo que el filósofo SlavojZizek llama post-política para referirse a que lo importante es la gestión ‘eficaz’ y se niega cualquier tipo de conflicto ideológico. El Gobierno de Rajoy fue una celebración de la post-política: un Gobierno de carácter tecnocrático, elegido por mayoría absoluta. La legitimidad de cualquier medida de endeudamiento se garantizaba así por la legitimidad otorgada por las urnas.

Y el problema de los gobiernos tecnocráticos es que confunden las prioridades cuando hablan de economía (el gran Acreedor) y ciudadanos (endeudados). Por eso, el ministro de Guindos declaró el miércoles ante el Congreso que será imposible mantener las prestaciones sociales si no mejora la economía. ¿Por qué no invertir la lógica y aumentar las prestaciones sociales para que mejore la economía? Parece bastante evidente que la lógica del endeudamiento que se está imponiendo consiste en reducir las prestaciones y se podría resumir como ‘para salvar el Estado de bienestar hay que desmontarlo’.

La marea social del 15S, convocada por la Cumbre Social, representa un momento político (en oposición a la postpolítica del Gobierno tecnocrático) en el que la ciudadanía toma la calle para denunciar lo que está pasando: no está mejorando la economía, sino que están empeorando las condiciones de los ciudadanos. El endeudamiento ha repercutido en la economía cotidiana y, al mismo tiempo, en los derechos de los ciudadanos. De ahí que se trate, como dicen los manifestantes, de una involución democrática. El 15S se convierte en una reivindicación de un modelo democrático basado en los derechos sociales, la justicia y la lucha contra la desigualdad.

Resulta interesante que la marea social sea una marea multicolor y se hayan elegido distintos colores para hacer visibles algunos de los sectores afectados: educación, de verde; sanidad, de blanco; servicios sociales, de naranja; administraciones públicas, de negro. Es una manera de simbolizar la diversidad característica del colectivo ciudadano al que la crisis ha unificado al transformarlos en endeudados. Es una manera de recuperar la política: manifestarse contra los recortes y, aun más importante, defender los derechos de la ciudadanía (hoy seriamente amenazados) como principio constituyente de la democracia.

Hace bien Rajoy en pensar antes de tomar decisiones, como cualquier ciudadano cuando va a solicitar un préstamo al banco. Pero las relaciones sociales no deberían depender de las condiciones exigidas por los bancos. España va a ser rescatada cuando en realidad son los ciudadanos, reducidos a endeudados, quienes deberían ser rescatados. Como nadie los va a rescatar, la marea social ocupa la calle. Sería deseable que Rajoy escuchara a los ciudadanos y no sólo al banco.

jueves, 5 de julio de 2012

Alternativas mayoritarias

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 1 de junio de 2012.

Desde que ha llegado al poder, el Partido Popular ha mostrado una capacidad asombrosa para perder apoyos electorales. Si atendemos al sondeo reciente realizado para El Periódico de Cataluña, constatamos que el PP perdería la mayoría absoluta conseguida el año pasado. El PSOE no saca beneficio del desplome popular y tiene el mérito añadido de bajar más aún en estimación de voto. Es fácil decir que todo esto se debe a la gestión de la crisis y al rescate financiero, pero lo cierto es que estas condiciones se endurecerán a lo largo de los próximos meses. Esto supondrá, probablemente, un mayor desgaste (y menor apoyo) para los dos grandes partidos.

Tanto el PP como el PSOE tendrán que enfrentarse a una crisis política, paralela a la económica, que podría traducirse, en su caso más extremo, en una desafección hacia las opciones políticas tradicionales (especialmente, hacia la socialdemocracia) similar a la de Grecia. Es difícil imaginar que Mariano Rajoy o Alfredo Pérez Rubalcaba vayan a ser los encargados de liderar la política postcrisis. Sus proyectos totalmente desideologizados y dependientes de las decisiones tomadas en Bruselas no parecen los adecuados para que los partidos mayoritarios sigan contando con la confianza de los electores.
No sería extraño que posiciones más ideologizadas se fueran abriendo paso, también entre el PP y el PSOE, para ofrecer nuevas tendencias políticas. Ya hemos podido apreciar algunos movimientos en esta dirección. Identificamos a continuación algunas de las vías políticas apuntadas por algunos de los líderes de ambas formaciones. En concreto, dos tipos de neoliberalismo y de socialdemocracia.


Encumbrada por un artículo en The Wall Street Journal, el proyecto político de María Dolores de Cospedal toma fuerza. Cospedal ha hecho suyo el modelodelaausteridad. Antes de que la oposición entre austeridad y crecimiento fuera evidenciada por la llegada de François Hollande al poder, la presidenta de Castilla La Mancha había empezado a aplicar con determinación la filosofía de la Europa de Merkel. En principio, se pensó en Cospedal como un ensayo de lo que podría hacer el venidero Gobierno de Rajoy, pero, en realidad, se ha demostrado que Cospedal ha logrado una versión más avanzada de las políticas de austeridad que las logradas por Rajoy. Recortes a funcionarios, en Educación y en Sanidad. El desmantelamiento del Estado de bienestar se realiza en nombre de la reducción del déficit público con la esperanza de que ello conduzca al crecimiento económico.

Mientras que Cospedal basa su apuesta en la austeridad para el crecimiento, el modelo deTea Party de Esperanza Aguirre incluye aspectos de más calado ideológico, menos ligados a la coyuntura económica. En sintonía con su gusto por la provocación, Aguirre en el 2010 destacó que compartía con el Tea Party tres principios: el patriotismo, menos impuestos y menos intervención del gobierno. Y nada más. Lo cierto es que aquí no acaban las coincidencias de Aguirre con está combinación entre neoconservadurismo y neoliberalismo, tal y como se aprecia en temas como el aborto, la sanidad pública o el uso de los canales de televisión como si fueran versiones nacionales de la Fox. Aguirre ha encontrado un modo único de definir los intereses de los ciudadanos, similar al empleado por el Tea Party. Tomemos el caso de Eurovegas y la hipotética suspensión de la prohibición de fumar. Los valores de la iniciativa empresarial y de la prosperidad económica son exaltados por encima de la salud pública, del gobierno central y el modelo (especulativo) económico que dicho proyecto conlleva.

En el bando socialista, Carme Chacón inició el modeloreformista, un modelo formulado en pretérito imperfecto en el momento en que anunció su renuncia a presentarse a las elecciones primarias del PSOE. Su declaración basada en la repetición de ‘quería’ da cuenta de la política de lo imposible: la combinación del pasado y del presente, la satisfacción por lo conseguido y la autocrítica por lo que se abandonó. Chacón perdió su gran oportunidad frente al continuismo de Rubalcaba para marcar una agenda reformista, basada en principios socialdemócratas. Se habló mucho de su sobreactuación pero por mi mente pasaron las contradicciones de lo que Zizek denomina el discurso histérico, esto es, el discurso encargado de pedir al Amolas demandas que no puede cumplir. Lo que no se pudo conseguir bajo el gobierno de Zapatero, tampoco se podrá conseguir sin, al menos, un conato de ruptura. Por eso la imperfección del ‘ quería’ define un modelo reformista de imposible realización.

El encargado de asumir ese paso ha sido Tomás Gómez. Su reconocimiento de que el PSOE no tiene credibilidad es el único modo de iniciar la recuperación de la iniciativa política. El modelo alternativo de Gómez parece aproximarse más a la socialdemocracia francesa que a Syriza en Grecia. Contrario a la política de austeridad y de recortes, Gómez critica abiertamente a las élites financieras, propone crear un banco público y la imposición de un impuesto a las entidades financieras y trabajar con Francia e Italia para contrarrestar el papel hegemónico desempeñado por Alemania dentro del marco europeo. Todavía queda por demostrar cómo se puede hacer efectivo el paso de la alternancia a la alternativa pero su oposición a la derecha, a la del PP con Aguirre a la cabeza e incluso a la del PSOE, queda clara.

Por la derecha o por la izquierda, los partidos mayoritarios deberán ser capaces de generar alternativas si quieren evitar que la crisis económica termine por convertirse en una crisis de los partidos.

lunes, 25 de junio de 2012

Corrupción. El traje nuevo del mercado

Artículo aparecido en el Anuario 2012 del diario La Rioja.


En los últimos años, han trascendido varios casos de corrupción que vuelven a extender la desconfianza y el rechazo generalizado hacia los políticos. La corrupción ha estado presente en el gobierno saliente (José Blanco y el ‘caso Campeón’) y en el entrante (el gobierno de Matas y la trama ‘Gürtel’) y ha afectado a la Casa Real con la implicación de Iñaki Urdangarin en el caso Nóos. La corrupción debe ser denunciada y castigada. Es más, debería cortarse de raíz la sensación de que la corrupción es una práctica habitual entre los políticos. Sin embargo, algunos políticos corruptos no son condenados y, lo que es peor, queda latente la sospecha de que la corrupción va mucho más allá de estos casos.

Dicho brevemente, hemos puesto nombres y caras a algunos de los corruptos (condenados o no) en este país. Hablamos, en estos casos, de corrupción manifiesta. Nos falta hablar de una corrupción más profunda, la que el autor Lawrence Lessig denomina corrupción dependiente. Vayamos a lo concreto: empecemos por los trajes de Camps para llegar hasta el lugar donde nos dejó el 15-M.

Francisco Camps ha simbolizado como nadie la corrupción en España. El famoso caso de los trajes ha puesto al descubierto la poca elegancia de las conexiones entre los intereses económicos y políticos. La imagen de Camps escuchando, impasible, su conversación con ‘El Bigotes’ nos ofrece un retrato de lo que pasa dentro y fuera de la escena política. Mientras que nosotros nos convertimos en testigos mediáticos del intercambio verbal entre Camps y su ‘amiguito del alma’, Camps parece más otro testigo que un acusado. Camps es el hombre disociado: la imagen en silencio, por un lado, y la voz que habla sin ser vista, por otro. Camps se escucha como si él mismo, sentado en el banquillo, no fuera la misma persona que habla en las grabaciones.

Los votantes mostraron su apoyo a Camps en las elecciones valencianas de mayo en las que fue elegido, de nuevo, Presidente de la Generalitat. Camps no fue visto como un culpable sino como una víctima del acoso y derribo orquestado por la izquierda. Posteriormente, un tribunal popular lo declaró no culpable. Ni en el campo político ni en el jurídico las prácticas corruptas fueron condenadas.

El Bigotes, volviendo a su conversación con Camps, da, involuntariamente, con la clave cuando dice: “Ésa es la ventaja de estar todos los días delante de un micro: tu caudal de palabra, tu facilidad de palabra”. El poder reside no en la facilidad de palabra sino en el lugar desde el que las palabras son pronunciadas, esto es, delante de un micro. Camps al teléfono sigue usando el poder que le da estar en posesión de la palabra privilegiada. Aunque Camps no fue condenado, su figura ha pasado a personificar la corrupción manifiesta, que debe identificarse con las personas que abusan de su poder y anteponen los intereses privados a los públicos.

Con todo, existe una corrupción más grave, no atribuible a las conductas reprochables de determinados políticos. Lessig habla de corrupción manifiesta para referirse a los gobiernos que han dejado de actuar para alcanzar el bien de los ciudadanos y responden, en su lugar, a las imposiciones de los intereses económicos. Esto se traduce en una pérdida de la confianza por parte de los ciudadanos, que ven el hecho de votar como un sinsentido.

Hay que atribuir a los ciudadanos que ocuparon las plazas españolas en mayo el mérito de haberse dado cuenta de que hay una corrupción más profunda, subyacente a los escándalos que acaparan las portadas de los periódicos. El 15-M identificó el problema y supo formularlo de forma eficaz bajo un eslogan sencillo: “No nos representan”. Los intereses de los ciudadanos habían sido desplazados por los económicos. El rescate a los bancos había sido compatible con el hundimiento de la economía doméstica de los ciudadanos. El PSOE y el PP pasaron a ser percibidos como partidos intercambiables. Una vez perdida la confianza hacia los políticos, se depositaba toda la esperanza en una multitud haciendo crac, por tomar prestadas las palabras de Nacho Vegas.

El rechazo generalizado hacia los dos principales políticos se encontró con un gran inconveniente: el sistema político siguió funcionando según lo acostumbrado. Primero, en las elecciones municipales y autonómicas y luego en las elecciones generales. El PSOE fue reemplazado por el PP en el poder y se inició un nuevo período legislativo que nos permitirá comparar las semejanzas y diferencias entre ambos gobiernos
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Probablemente, se produjo una confusión. El poder de la gente, presente en las calles, contrastaba con la falta de poder del gobierno, de un gobierno que había perdido su capacidad de maniobra desde el 2010. Pero la pérdida de poder del gobierno no es lo mismo que la pérdida del poder del sistema. El poder económico sigue definiendo una agenda ajena a los intereses de los ciudadanos, que se manifiesta mediante recortes sociales o una nueva reforma laboral. En otras palabras, la autonomía demostrada por la sociedad civil no fue acompañada por una autonomía equivalente del poder político.

El 15-M tiene que averiguar cómo enfrentarse a la corrupción dependiente, al modo en que el poder económico se impone sobre el político. La crítica a los partidos mayoritarios o la indignación provocada por los casos de corrupción manifiesta deberían ser enmarcadas dentro del objetivo más amplio de recuperar la política al servicio del bien común.

La tarea es compleja. La corrupción ha hecho un traje a medida de los intereses del mercado. Hasta ahora los ciudadanos son los que han pagado sus costes y los poderosos no han guardado ni las facturas.

sábado, 9 de junio de 2012

#YoSoy132

Mientras que los años de la crisis están intensificando los recortes y desigualdades, empiezan a surgir nuevos actores sociales de la sociedad civil que hacen visibles déficits democráticos que hasta la fecha no habían sido cuestionados (al menos, en la medida en la que lo son ahora). Los estudiantes, por una parte, padecen las consecuencias inmediatas de la mercantilización de la educación y que, por otra, experimentarán en el futuro la mayor precariedad laboral que se está gestando con las reformas acutales.

En este sentido, los estudiantes se han convertido en uno de los sujetos principales en la oposición contra el mundo en crisis. Curiosamente, las protestas ocurren muy ligadas al sistema nacional pero se pueden encontrar varios puntos en común en las demandas y en las protestas de los estudiantes en Chile, Colombia, España y ahora en México.

A diferencia de otros movimientos estudiantiles, el #YoSoy132 apunta contra el problema de la representación mediática. Gran parte de la agenda política está mediatizada, esto es, transmitida a través de los medios de comunicación pero también condicionada por ellos. La libertad del mercado está muy lejos de convertirse en mayor pluralidad y se reproducen los contactos entre grupos mediáticos e intereses económicos y políticos.


Ante el riesgo de que México (tras una supensión de dos mandatos de la derecha del PAN) reviva una nueva fase PRI con la victoria de Enrique Peña Nieto, el #YoSoy132 se ha posicionado contra el candidato priista y contra la manipulación de Televisa y Tv Azteca. Este hecho revela cómo la autonomía de los movimientos sociales no está discutida con los posicionamientos políticos. Más bien al contrario, la eficacia de los movimientos depende de su capacidad para hacer política (aunque ello no implique la sintonía con un partido político determinado).

Aun así, el impacto de los movimientos no puede medirse únicamente (como suelen hacer algunos medios) mediante su influencia en los resultados electorales. Esto sería reducir en extremo el cambio social.

No parece una casualidad, por ejemplo, que el diario británico The Guardian haya publicado un documento que confirma que Televisa cobraba tárifas para impulsar a Peña Nieto a la presidencia. Televisa habría vendido espacios de sus informativos y programas para favorecer al candidato del PRI y desprestigiar al candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, el movimiento deberá superar, si quiere sobrevivir, los retos derivados del momento del que surge: la contienda electoral como estructura de oportunidad, incluyendo el resultado electoral. Las urnas suelen ofrecer una legitimidad que es difícil de contrarrestar por las iniciativas de la sociedad civil. De ahí que lo deseable sería que un objetivo tan concreto como la derrota electoral del PRI se cumpliera. A partir de ahí, el #YoSoy132 tendría un contexto más favorable para continuar con su demanda de democratizar los medios de comunicación y facilitar el acceso de la sociedad civil a la esfera pública.

martes, 5 de junio de 2012

Homeland: Desmontando al héroe

Se ha hablado mucho de Homeland como la mejor serie de 2011, aunque tampoco han faltado los comentarios más escépticos de que se trata de una serie sobrevalorada. Yo me encuentro en el primer grupo, en el que piensa que estamos ante una serie excepcional. Es el primer ejercicio televisivo de desmontar la creación del héroe post 11 de septiembre. En este sentido, es más que un thriller político, es una serie política que ofrece una lectura alternativa de la guerra contra el terrorismo.

En su panfleto Declaración, Hardt y Negri llaman la atención sobre cómo en las últimas décadas los militares se han convertido en objetos de veneración nacional. Los autores apuntan a que esta veneración hacia los soldados en uniforme responde a una militarización creciente de la sociedad. La suspensión de la legalidad internacional experimentada en Guantánamo o las fotografías de la humillación y la tortura de Abu Ghraib no han cambiado esta percepción. Los soldados participantes en guerras ilegales son convertidos inmediatamente en héroes y cualquier crítica al ejército es descalificada por ser antipatriota.

Por eso, Homeland resulta tan valiente. Se pone en cuestión que el soldado es un héroe. Probablemente, esto ya se ha visto antes. Lo que sí resulta inédito es que no sólo se cuestiona la heroidad del soldado vuelto a casa, sino que se plantea la posibilidad de que el soldado sea el villano. El discurso bipolar de Bush (o con nostros o contra nosotros) se desdibuja y muestra su artificialidad. Homeland obliga a mirar hacia el hogar, hacia nuestro lugar de nacimiento y no hacia un lugar extraño que conocemos sólo a través de los medios de comunicación. El enemigo está dentro de nosotros. No es algo externo.

Otro aspecto destacable es la construcción social (mediática y política) del héroe. A lo largo de la primera temporada, el discurso público y el privado (o oculto) colisionan y se contradicen. Como espectadores asistimos a la falsedad de la representación pública del héroe que regresa a casa. Sin embargo, la veneración hacia el militar no desaparece. Todo lo contrario: es fortalecida. Sospechar sobre la heroicidad supone alterar la totalidad de la ilusión sobre la que se construye la sociedad actual. Es hacer posible lo imposible. Hasta ese momento ni siquiera se podía cuestionar semejante verdad. De ahí que la analista de la CIA que investiga el caso se mueve hacia la locura. Su enfermedad nos revela, a su vez, una sociedad enferma.

Asistimos ya desde el primer capítulo a la construcción del héroe. El soldado Brody es mostrado tal y como es encontrado, prisionero en manos de Al-Qaeda, sucio, con pelo largo y desaliñado. Tras afeitarse y recuperar su apariencia física normal, descubrimos que en su casa, en su espacio privado, su comportamiento revela cierta anormalidad. Llega el momento: el soldado se siente preparado. Se arregla, se coloca su uniforme, impecable, sale de su casa (hacia el espacio público) y se queda en el umbral de la puerta. Los periodistas se aproximan y los fotógrafos retratan al héroe. El circo mediático ya está en marcha. La veneración nacional hacia el militar uniformado no ha hecho más que empezar.

Ante nuestros ojos, descubrimos cómo se construye un héroe. Pero Homeland provoca nuestra inquietud con un interrogante: ¿un héroe para quién?

martes, 29 de mayo de 2012

Política desde el sur de Europa

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 27 de mayo de 2012


La crisis económica iniciada en el 2008 puso en evidencia las debilidades del capitalismo pero apenas llegó a cuestionarlo. La solución no pasó por un New Deal para redefinir el sistema económico y preservar la paz social. Más bien, al contrario, se declaró la defunción de la política mediante la imposición de gobiernos tecnocráticos en Grecia e Italia. En España la renuncia a hacer política fue asumida por Zapatero en el 2010 y continuada por Rajoy con su reconocimiento constante de hago lo que tengo que hacer pero no me gusta lo que hago.

La ausencia de la política ha llevado a decisiones difíciles de entender, por no decir contrarias, para los ciudadanos, desde los recortes en educación y sanidad hasta los rescates a los bancos. Y cuando parecía imposible un regreso de la política en una Europa en decadencia, las alternativas empiezan a surgir de algunos de los países más castigados. De la izquierda reformista a la radical; de lo social a lo institucional; de la política a la antipolítica.

La victoria de François Hollande en Francia supone la primera toma de distancia de las líneas marcadas por el tándem Merkel-zarkozy. Quizás los márgenes de acción reales de Hollande sean estrechos o puede tratarse sólo de una reedición europea de la esperanza despertada por Obama. Con todo, la izquierda reformista ha defendido la prioridad del crecimiento económico, oponiéndose al discurso dominante de la austeridad, y ha propuesto la creación de eurobonos para mutualizar la deuda de los países de la eurozona. Esta posición no ha gustado, obviamente, a algunos gobiernos conservadores pero sí ha agradado a los que atraviesan una situación económica difícil, incluyendo al de Rajoy.


Un nuevo tono se ha abierto dentro de la Unión Europea para discutir el futuro económico. Habrá que ver hasta qué punto el tono va concretándose y la política de austeridad es definitivamente relegada debido a sus desastrosas consecuencias para el bienestar social.

En Grecia, Syriza (Coalición de la Izquierda Radical) podría llegar a convertirse en partido de gobierno. La izquierda radical ya ha superado en votos a la socialdemocracia y si ganara a los conservadores, ello significaría que los partidos tradicionales habrían quedado desplazados y que el electorado asume el riesgo de votar por una opción opuesta a los dictámenes impuestos por la Unión Europea. Grecia, cada vez más hundida rescate tras rescate, sería el primer país en salirse del guión del bipartidismo tradicional. El líder del partido, Alexis Tsipras, ha negado en repetidas ocasiones que Grecia vaya a salir de la eurozona. A la hora de hacer recortes, Syriza apunta a defensa y los fondos militares para mantener así la inversión en educación y sanidad.

La crisis europea se ha convertido en una crisis de cada país y Grecia tiene que salir de la crisis siguiendo las políticas acordadas en Bruselas. Ante esta desarticulación del proyecto europeo, Tsiprascree que la crisis puede revitalizar la Unión Europea si se fomenta la solidaridad. Es un problema europeo. Syriza no es una reacción nacionalista sino contraria a las imposiciones arbitrarias del sistema económico. Si Grecia opta por la izquierda radical, estaremos ante un segundo momento de cambio en Europa, que seguiría al emprendido por Hollande.

En Italia es más difícil augurar los cambios políticos en el futuro. Lo que sí se puede identificar es el rechazo a la clase política. Beppe Grillo ha promovido lo que él denomina antipolítica, una forma burlesca e insultante de descalificar a los partidos políticos. El Movimiento 5 Estrellas, encabezado por Grillo, es descrito como un movimiento de ciudadanos, cuya ideología no es ni de centro ni de izquierda ni derecha. Esta indefinición se reproduce en un programa impreciso que combina la mejora de servicios públicos con la salida del euro y el nacionalismo antieuropeo.

El Movimiento 5 Estrellas es, ante todo, una forma de canalizar el malestar ciudadano y de abandonar la política berlusconiana y la tecnocracia. A falta de ver cuál será su desarrollo o propuestas claves, sería deseable que contribuyera a la renovación del sistema político y a la revitalización de la política, aunque sea como antipolítica.

En España, la voz única en la Unión Europea acordada por Rajoy y Rubalcaba simboliza el desierto político que se está atravesando para evitar la amenaza del rescate y recuperar la confianza perdida de los mercados. A diferencia de los otros países, no hay una alternativa, reformista o radical, ni un partido nuevo que recoja el desencanto social. En este sentido, podemos afirmar que la alternativa más clara, el 15M, hace política desde el ámbito de lo social.

Las propuestas del 15M son de diferente tipo. El fortalecimiento del diálogo como parte esencial de la política, la asamblea como metodología de deliberación pública, las nuevas tecnologías como herramienta democrática, la activación del tejido social de los barrios. También hay medidas que apuntan a un cambio más ambicioso (por ejemplo, la reforma electoral) que sí requieren participar en la toma de decisiones políticas. La falta de puentes institucionales hace difícil ver cómo se pueden llevar a cabo este tipo de cambios.

La crisis financiera llegó tras el agotamiento de las alternativas políticas. Mirando al sur de Europa, empezamos a ver la emergencia de nuevos proyectos políticos. Las condiciones económicas no pueden ser más adversas. Pero esto sólo debería contribuir a fortalecer el papel de la política para que Europa se convierta en una solución y deje de ser un problema.

viernes, 27 de abril de 2012

Terapia de choque

Artículo publicado en el diario La Rioja el 22 de abril de 2012

A veces, los políticos tienen la virtud (seguro que involuntaria) de decir más de lo que quieren decir y de encontrar formulaciones que revelan más de lo deseable. Pensemos en la conclusión de Mariano Rajoy tras sus 100 días de mandato: «Estamos tomando medidas que no nos gustan, pero no tenemos alternativa». La idea es justificar por qué el Gobierno asume medidas tan impopulares pero, en el fondo, lo que se transmite es la insignificancia de un gobierno incapaz de fijar su propia agenda.

La explicación más pedagógica de lo que está pasando proviene, sin duda, del portavoz del PP, Alfonso Alonso, quien justificó las medidas adoptadas en los tres primeros meses de la era Rajoy porque hacía falta «una verdadera terapia de choque para sacar la economía española adelante». Hay que agradecer a Alonso su sinceridad y su definición exacta de los cambios que estamos experimentando. Una terapia de choque. También será cierto que el Gobierno quiere sacar la economía adelante, pero parece claro que el costo consiste en dejar a los ciudadanos atrás.


En su libro de 2007, Naomi Klein se refería a la idea de ‘terapia de choque’ para dar cuenta de cómo el capitalismo se había aprovechado de las situaciones de crisis (algunas creadas intencionadamente) para promover medidas económicas contrarias a la voluntad popular, que, en otras circunstancias, serían imposibles de aplicar debido al rechazo social que provocarían. Los avances de la economía del libre mercado y los recortes en el Estado de bienestar se habrían conseguido de este modo.

No creo que Alonso tuviera en mente a Naomi Klein cuando habló de terapia de choque pero la idea es la misma. La crisis económica ha creado una nueva coyuntura en la que se está llevando a cabo una reestructuración del sistema económico. El objetivo ya no es crear un nuevo pacto social ni tampoco se espera una creación masiva de puestos de trabajo. Se trata de redefinir el capitalismo en detrimento del Estado social. La reducción del déficit conlleva recortes en el Estado de bienestar y en la capacidad del Estado para impulsar la economía. Es pronto para decir cómo estará el paciente después de su terapia de choque pero ya podemos ver cuáles son algunos de los ‘electrochoques’ que está recibiendo.

Primer electrochoque: la reforma laboral. «Extremadamente agresiva», dijo el ministro de Economía, Luis de Guindos. Efectivamente, el despido se abarató y los derechos de los trabajadores se convirtieron en privilegios. El aumento de la inseguridad para empleados y desempleados ya no tenía que ir acompañado de una mayor seguridad. La negociación con los sindicatos fue innecesaria y la huelga general del 29-M, un mecanismo de protesta social que puede ignorarse sin más.

Segundo electrochoque: la sanidad. Luis de Guindos ya había anunciado en un diario alemán (qué mejor medio para anunciar los cambios en el sistema español) que habría reformas en educación y sanidad. El Gobierno, según Ana Mato, «no ha tenido más remedio» que aplicar medidas que incluyen el copago de los medicamientos, un 10% para los jubilados y entre un 50 y un 60% para el resto. La reforma es vendida como progresiva, al estar realizado en función de las rentas, pero depende del consumo y no de los impuestos. Los grupos que más necesiten los medicamentos serán, pues, los más perjudicados y tendrán que contribuir con unos «pocos euros» más.

Tercer electrochoque: la educación. Esto sí que es darse un tiro en el pie, por recurrir a las palabras del ministro García-margallo. Recortar en educación es la mejor manera de asegurarse la falta de crecimiento en el futuro. Recortar en educación pública supone, directamente, acentuar la desigualdad social. Algunos ejemplos: el incremento de las tasas universitarias, la subida de un 20% del número de alumnos por aula y el aumento de horas lectivas del personal de Infantil, Primaria y Secundaria. El papel de las Humanidades vuelve a ser atacado, en nombre de la racionalidad económica, y poco cuenta su aportación para comprender al ser humano y el entorno social. Wert lo tiene claro: para ahorrar, hay que suprimir las carreras sin suficientes alumnos.

¿Y qué pasa, entre tanto, con el paciente? Si pensamos que el paciente es la economía nacional, la verdad es que todavía sigue mal. Incapaz de suministrarse sus propias recetas, sigue las directrices marcadas por la Unión Europea y escuchando el diagnóstico realizado por el FMI. Según ellos, más terapia de choque debe aplicarse. También para las comunidades autónomas. Tras años de debate político, la terapia de choque económico podría redibujar las competencias y las relaciones entre las CCAA. Cataluña ya no se reivindica como la comunidad que más contribuye a la economía española; ahora es pionera en experimentar con recortes sociales que todavía no se han aplicado en el resto de España.

¿Y si el paciente fueran los ciudadanos? El demócrata Van Jones, exasesor de la Administración Obama, afirmaba que la clase media se ha sustentado tradicionalmente sobre la educación y la vivienda. Añadamos la sanidad pública a la lista. Entendemos así la gravedad de lo que está pasando y las consecuencias que la actual reestructuración económica puede tener para los ciudadanos, que asumirán los costes de los recortes para tener acceso a la educación y a la atención sanitaria (olvidemos lo de la vivienda digna). No hay alternativa, nos dicen. Ya no hay líneas rojas. Sólo un poco más de terapia de choque para aumentar el desorden bipolar entre los que tienen y los que no.

martes, 20 de marzo de 2012

La Pepa, liberalismo y democracia

200 años desde la aprobación del texto constitucional conocido popularmente como La Pepa. Sobre el papel, al menos, un triunfo del liberalismo y un avance político y constitucional. Sin duda.

Lo llamativo es, sin embargo, el ímpetu puesto por los medios de comunicación conservadores y el PP por apropiarse del legado de la Constitución y por establecer múltiples paralelismos entre el pasado y el presente. Creo, por otro lado, que algunas voces de la izquierda, como Julio Anguita, se equivocan al argumentar contra el texto aprobado por las Cortes de Cádiz, mencionando los aspectos que, desde nuestra perspectiva actual, nos parecen rechazables y muestran facetas no tan progresistas como las que cabría esperar.

Como sea, en España había el liberalismo que había y, se agredece el intento de incorporar a la tradición política y filosófica patria el espíritu de la Ilustración y del progreso.

Por eso, insisto, lo que llama la atención es cómo el sector conservador reividinca la Constitución de Cádiz. Rajoy ha declarado que La Pepa es "el mejor fundamento de la democracia, la tolerancia y la pluralidad". Esto en sí es muy discutible y cabe preguntarse si el texto de 1812 representa realmente dicho fundamento. El liberalismo precede al movimiento democrático; la tolerancia estaba basada sobre una idea de ciudadano excluyente (para la mujer y más aun para extranjeros) y la pluralidad se correspondía con un universalismo que dejaba fuera a los no pertenecientes a su grupo social.

Estamos ante una nueva reivindicación del patriotismo constitucional (concepto notable pero que hasta el momento sólo se ha utilizado en España para censurar los nacionalismos o para nombrar el nacionalismo español con algo de pudor), la monarquía (sí, ya sabemos, está también en crisis) y la toma de decisiones para el bien de los ciudadanos sin pensar en los ciudadanos (ni tampoco en su bien, probablemente).

Una manera, en definitiva, de tratar de dar legitimidad histórica a un momento de crisis de legitimidad.

Lo más lógico sería reivindicar la Constitución de 1812 como momento liberal y la de 1931 como momento democrático y valorar así el proceso de modernización del país. El problema es que algunos parecen todavía más interesados en apelar al liberalismo que a la democracia.

martes, 13 de marzo de 2012

Lenguaje políticamente sexista

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 11 de marzo de 2012

Le comentaba el filósofo Zizek a Julian Assange que lo que había sido impactante con Wikileaks no era la información que había revelado sino que algo que todo el mundo ya sabía pasó, de pronto, a confirmarse en la esfera pública. Algo similar puede decirse de ‘Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer’, publicado por Ignacio Bosque en nombre de la Real Academia. No hay nada nuevo en decir que «compañeros y compañeras» es más largo que decir «compañeros», que la @ de «alumn@s» no se puede pronunciar, o que el uso coherente de la concordancia es difícil de mantener en «los y las profesores y profesoras atentos y atentas».

Comparando las reacciones suscitadas, constatamos que Wikileaks resultó ser algo muy molesto para los poderes económicos y políticos. La crítica al lenguaje no sexista del informe de Bosque, en cambio, ha sido celebrada por los sectores más conservadores, con Wert a la cabeza, molestos por el excesivo poder que se atribuye a las feministas. Los intelectuales que han hablado de «feminazis» o «colectivos sexistas extremistas» dejan bien claro que se trata de una reacción más general contra un cambio institucional, que en los últimos años ha promovido la visibilidad y la representación de la mujer.

El uso del lenguaje sexista no debe restringirse a la morfología o al léxico. Ignacio Bosque se equivoca al definir el problema central como una oposición entre el lenguaje «común» y «oficial». Lo políticamente correcto (que es, en efecto, de lo que estamos hablando) surgió con la loable intención de cambiar el lenguaje institucional para evitar la discriminación social por motivos de raza, sexo, orientación social o religión. El carácter normativo de lo políticamente correcto (tenemos que hablar así y no de otra manera) se volvió en su contra. Las guías para combatir la discriminación lingüística fueron percibidas como una imposición que coartaba la libertad de los hablantes para expresarse. Lo políticamente correcto se equivocó al pensar que sería suficiente con cambiar las normas lingüísticas para promover el cambio social. La discusión sobre el «lenguaje correcto» se convirtió en una discusión puramente lingüística en lugar de cuestionar las prácticas sociales, incluyendo el lenguaje, en las que la discriminación tiene lugar.

El informe de Bosque reproduce una línea de argumentación similar y valora las guías antidiscriminación en su dimensión estrictamente lingüística, dejando fuera su impacto social. Si tiene sentido hablar de «profesorado» o «escritores y escritoras», es debido a un cambio en la estructura social (y las consiguientes demandas de mayor igualdad) y no a un cambio per se en las estructuras lingüísticas. Bosque pertenece a una institución dominada por hombres y aun así se pone a discutir las cuotas, arguyendo que algunas mujeres no se identifican con ellas. Sin embargo, Bosque obvia que el objetivo de las cuotas es lograr la igualdad entre hombres y mujeres. No se puede medir su eficacia sólo pensando en si a algunas mujeres les gusta o no. Habría que comprobar si se reduce la desigualdad estructural de género.

Así mismo, el ilustre académico no puede evitar reflejar algunas de las contradicciones del lenguaje sexista. Al narrar la experiencia de Margarita Salas, Bosque se refiere, usando las palabras de la bioquímica, a «las dificultades sociales que tuvo que vencer en sus primeros años de investigadora» y destaca cómo luego usa el sustantivo masculino científicos: «yo creo que los científicos tenemos la obligación». Podríamos preguntarnos por qué los primeros años de Salas fueron como «investigadora» y no como «investigador» o por qué la distinción de género, experimentada como investigadora, es relevante al inicio pero no después cuando ya está integrada en el grupo de «científicos». También menciona Bosque el tema de la «violencia doméstica». Quizás no le interese hablar de «violencia de género», ya que para él el género es gramatical, ni tampoco de «violencia machista». Está claro que la idea de «violencia doméstica» aleja cualquier connotación de dominación de género como si fuera un asunto privado. Más llamativa es la idea reiterativa de Bosque de que la lucha contra el sexismo es una cosa de mujeres (sólo en una ocasión nombra a los «varones» partidarios de la igualdad). Prueba de ello es la siguiente distinción, totalmente injustificada: «El criterio para decidir si existe o no sexismo lingüístico será la conciencia de las mujeres o, simplemente, de los ciudadanos contrarios a la discriminación». ¿Por qué no habla únicamente de ‘ciudadanos’ en su sentido genérico? ¿Por qué diferencia entre «mujeres» y «ciudadanos»? ¿Por qué dice «mujeres» y no «ciudadanas»?

Voluntaria o involuntariamente, la opinión de la Real Academia, más allá del lenguaje, se inserta dentro de una reacción opuesta al discurso reciente de la igualdad de género. Expresiones como la «violencia en el entorno familiar» o la «violencia de género estructural contra la mujer por estar embarazada» ejemplifican el uso políticamente sexista del lenguaje. No se puede discutir el lenguaje sin discutir la sociedad, al menos cuando se hace fuera de la esfera doméstica de la lingüística. La Academia defiende su función de preservar el buen uso del lenguaje. Las guías pretenden que el lenguaje sea más inclusivo. No es necesario compartir el contenido de las guías antidiscriminación para darse cuenta de que el sexismo se (re)produce en el lenguaje ni que las políticas sexistas son correctas dentro del discurso neoconservador. O patriarcal.

miércoles, 7 de marzo de 2012

El EZLN y sus intérpretes


A finales del año pasado, se publicó el libro El EZLN y sus intérpretes. Resonancias del zapatismo en la academia y en la literatura, editado por Anne Huffschmid, Kristine Vanden Berghe y Robin Lefere.

Son muy interesantes las palabras preliminares de Enrique Dussel; aparte de ser un lujo y un gran acierto incluirlo en la antología.

Contribuí a la obra con el capítulo 'Poder y cambio social. Discusiones teóricas a partir del zapatismo'. He visto que el libro se puede consultar y descargar gratuitamente en Internet con hacer click en este enlace. Creo que vale la pena, al menos, echarle un vistazo.

martes, 28 de febrero de 2012

Fomentar la solidaridad

Acaba de publicarse mi artículo "Fomentar la solidaridad: discursos de las organizaciones de voluntariado sobre la inmigración e integración en las sociedades multiculturales" en la revista Journal of Multicultural Discourses.

El resumen (en inglés):

This article analyses the discursive construction of solidarity regarding immigration and integration in two European countries: Spain and Denmark. The study is based on interviews with representatives of 10 Non Governmental Organizations (NGOs) and it focuses on the affective and evaluative dimensions of language aimed at achieving alignment with civil society. The analytical approach combines Positive Discourse Analysis and Appraisal Theory, since these perspectives deal from a discourse analytic point of view with social change promoted by community and interpersonal relations. The discourses on solidarity are framed with reference to their respective national policies and debates. Therefore, different approaches exist between the two countries, albeit that all the NGOs aim to show new dimensions of integration in order to promote empathy towards immigrants. The goal of the NGOs is to contribute positively to social change and combating the current unfair situation. In the article it is argued that solidarity is built on affect and evaluative language at the national level, challenging in this way dominant policies on immigration. Furthermore, the findings show that a European discourse which would be able to solve contradictions related to the scope of human rights, politics of asylum and inclusion of irregular immigrants is still missing.

viernes, 24 de febrero de 2012

Público

Hoy ha salido a la calle el último número impreso de Público. Está claro que el cierre de cualquier periódico es una gran pérdida para la pluralidad de opiniones y voces presentes en la esfera pública. La situación es más grave cuando Público era, además, el único periódico situado a la izquierda (o izquierda crítica, si se le quiere llamar así). La derecha (con la excepción de El País en el centro-izquierda) monopoliza la totalidad de los medios. Público no ha fracasado como proyecto periodístico, ya que supo enriquecer el debate público con las opiniones de la izquierda, ausente hasta entonces de un espacio en el que expresarse. Lo que ha fracasado es un proyecto empresarial.

La mayoría de las opiniones de los lectores de El Mundo sobre el cierre de Público celebraba el cierre del panfleto. Uno de los comentarios se alegraba de que primero se fuera Zapatero, luego Garzón y ahora Público... Supongo que debe ser un goce intelectual que se vayan todos los que no piensan como uno mismo. La ausencia de Público suena aun más triste cuando algunos se congratulan de que la única opinión que se va a oír, a partir de ahora, es la suya.

domingo, 5 de febrero de 2012

«Aquí un estudiante de Doctorado tiene contrato y salario alto»

Entrevista con Pío García, aparecida en el diario La Rioja el 5 de febrero de 2012.

El éxodo de investigadores españoles al extranjero se ha agudizado con la crisis, pero no empezó ayer ni afecta solo a los biólogos o a los ingenieros. Óscar García Agustín (Logroño, 1974), doctor en Filología Hispánica por la UR y licenciado en Ciencias Políticas por la Uned, decidió irse a Dinamarca hace ya nueve años. Desde su despacho en la Universidad de Aalborg charla con Diario La Rioja y reflexiona sobre la fuga de cerebros, un concepto elocuente, pero a veces demasiado escurridizo.

-¿Cómo acabó usted en Aalborg?

-Ya hace nueve años la precariedad era muy alta. En un momento dado, tras ser rechazado en dos entrevistas en colegios concertados de Madrid y terminar un contrato de cuatrimestre con la UR, sin posibilidad de continuidad, decidí probar suerte en Dinamarca, de donde era mi entonces novia y ahora mujer.

-Para el investigador, de la disciplina que sea, ¿qué tiene la Universidad danesa que no tenga la española?

-Las condiciones son menos precarias, aunque la precariedad se ha ido extendiendo en los últimos años. Por ejemplo, un estudiante de Doctorado tiene un contrato laboral pleno, un salario alto y un mayor reconocimiento (institucional y laboral). También hay más flexibilidad: no hay un sistema tan farragoso ni hay que acumular kilos de papeles con títulos de todo tipo. Tienes más posibilidades de acceder a una plaza si tu perfil encaja mejor, sin depender de factores externos. Y por último, el horario de trabajo es mucho más razonable y permite conciliar la vida familiar y laboral.


-¿Se plantearía regresar a España en un futuro?

-Lo veo difícil. Yo estoy contratado como titular, mi mujer también trabaja... Deberíamos encontrar algo equivalente. Muy difícil.

-Las fronteras cada vez son más porosas y las barreras idiomáticas menores... ¿Tiene aún sentido hablar de fuga de cerebros?

-No sé hasta qué punto tiene sentido hablar de fuga de cerebros en el contexto de la crisis económica española. Asocio más la fuga de cerebros a la inmigración selectiva que se realiza en la UE o en los Estados Unidos para atraer a los trabajadores más cualificados del Tercer Mundo. No sé si se puede afirmar que todos los españoles que emigran, sobre todo en el campo de las ingenierías o de las nuevas tecnologías, son altamente cualificados. Yo trabajo en Humanidades y Ciencias Sociales y no crean que son campos priorizados, tampoco en España. Pienso que se hace un uso alarmista y muy mediático del término.

-¿Cómo está realmente el nivel educativo español?

-Los datos estadísticos no lo dejan en buen lugar, así que el problema existe. En dominio de idiomas, en acceso a tecnologías en el aula... España está por detrás. Pero también percibo mejoras: veo que cada vez hay más estudiantes que hablan inglés, viajan y estudian fuera.

Flexisegurida laboral: Una receta eficaz pero difícil de aplicar en España

Artículo de Gloria Moreno (Servicio Especial en Copenhague) aparecido en La Vanguardia el 22 de enero de 2012

En estos tiempos de recortes y paro generalizado, la teoría de la flexiseguridad danesa vuelve a estar de moda. Se trata del modelo laboral con el que en los años noventa este pequeño país escandinavo logró reducir drásticamente su entonces elevada tasa de paro, que ha mantenido hasta hoy en los niveles más bajos de Europa. Incluso en medio de la profunda crisis que atraviesa el continente, Dinamarca presenta ahora mismo un desempleo del 7,8%, que a pesar de doblar la tasa anterior a la crisis, sigue por debajo de la media de la UE.

La exitosa receta danesa consiste en combinar la flexibilidad propia de las economías más liberales, como es la facilidad del empresario para contratar y despedir, con la generosa política
de protección social típicamente escandinava. A ello se suma un eficaz sistema público de formación continua y recolocación, elemento indispensable para que el entero sistema funcione.
No por nada, los estudiosos han bautizado este modelo como el triángulo de oro, insistiendo en la importancia que tienen cada uno de sus tres pilares para que los resultados perduren. La prueba del éxito está en que, además de reducir significativamente la tasa de paro, que pasó del 13% a principios de los noventa a menos del 4% a comienzos de los 2000, la aplicación de todas estas medidas ha hecho que Dinamarca cuente hoy con uno de los mercados laborales más dinámicos y competitivos del mundo.

Una de las ventajas más destacadas es el bajo coste que conlleva la creación deempleo. La mayor parte de los contratos son indefinidos y los salarios figuran entre los más altos de Europa. Sin embargo, para despedir, el empresario no tiene que pagar ningún tipo de indemnización, sino que sólo tiene que avisar al empleado con tres meses de antelación. Un despido barato hace que las empresas no tengan miedo a contratar y dinamiza la economía, al crear o destruir empleo allí donde verdaderamente se necesita. Eso sí, una vez en la calle, el afectado recibe una sustanciosa prestación de desempleo que puede prolongar hasta un máximo de dos años (eran cuatro, antes de la crisis) en caso de no encontrar un nuevo trabajo.

Es aquí donde entra en juego el tercer pilar: para promover la rápida reinserción laboral y combatir el paro de larga duración, el Estado invierte fuertemente en políticas de formación y activación, que al mismo tiempo están vinculadas a la prestación de desempleo. De hecho, los desempleados que rechazan injustificadamente más de dos ofertas en un año pierden el derecho a percibir el paro. Esto hace que en Dinamarca, dos tercios del total de desocupados encuentren un nuevo trabajo sólo tres meses después de haber perdido el anterior, mientras que el índice de paro de larga duración se reduce hasta al 2%.

“Pero a pesar de que en el contexto europeo actual todos estos números pintan bien, lo cierto es que en Dinamarca estamos preocupados, pues la tasa total de paro (7,8%) se ha doblado respecto a los años anteriores a la crisis”, matiza Signe Hansen, economista del Consejo Económico del Movimiento Laborista danés. Este think tank pronostica para el 2012 un ulterior aumento del desempleo, que en el 2013 debería empezar a bajar. El bajo nivel de deuda pública y la buena gestión de las finanzas por parte del Estado hacen que Dinamarca no vea amenazada su triple A. El nivel de las exportaciones también se mantiene alto. Sin embargo, según Hansen, lo que está frenando la creación de empleo es la caída del consumo interno y las inversiones, en gran parte debido al reventón de la burbuja inmobiliaria, que en estos últimos años ha disparado la deuda privada.

Con todo, los problemas de Dinamarca siguen siendo pequeños si se comparan con los que presenta España, cuyo índice de paro supera ya el 21%, el mayor de la Unión Europea. En este contexto, la flexiseguridad danesa puede servir de inspiración pero difícilmente se podrá aplicar en su versión genuina. “No hay que olvidar que el modelo danés es fruto de un largo proceso histórico de protección social”, explica Óscar García Agustín, profesor del departamento de Cultura y Estudios Globales de la Universidad de Aalborg. “En el contexto español actual, en cambio, es difícil que se pueda avanzar en flexiseguridad cuando sólo la flexibilidad es una prioridad y las políticas sociales quedan relegadas a un segundo plano”.

domingo, 22 de enero de 2012

El gobierno del mal menor

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 22 de enero de 2012

Si nos remontamos a la división clásica realizada por Aristóteles entre gobiernos buenos y malos, los primeros se preocupaban por el bien común mientras que los segundos perseguían favorecer a los intereses privados. A punto de cumplir un mes de presidente, resulta interesante preguntarnos hacia dónde se mueve el Gobierno de Rajoy.

Las primeras medidas adoptadas por el Gobierno de Rajoy para combatir el déficit se basan en la subida de los impuestos, la congelación de los salarios de los funcionarios (que tendrán que trabajar más horas), la congelación del salario mínimo interprofesional. La pregunta es obvia: ¿dónde se encuentra el bien común? Parece que la función del gobierno no es ya lograr el bien común sino evitar que la situación empeore. El Gobierno no aspira a ser bueno ni malo. Se conforma con ser el Gobierno del mal menor, cuyas medidas drásticas y poco populares están destinadas a salvar a los ciudadanos del desastre que no ha llegado todavía pero podría llegar.

Mariano Rajoy actuó consecuentemente desde el principio como presidente del mal menor. Fue sorprendente su desaparición de la esfera pública, especialmente cuando se anunciaron las primeras medidas de su gabinete. A diferencia de su predecesor, Rodríguez Zapatero, quien terminó por convertirse en el mal (y origen de todos los males), el presidente del mal menor puede ser invisible. Las decisiones de su Gobierno no necesitan ser defendidas por él, como principal responsable, sino que se defienden por sí solas: de no tomarse, todo sería peor.

De ahí que Soraya Sáez de Santamaría se convirtiera en la portavoz del mal menor con la siguiente promesa a los ciudadanos: «Queremos trasladar a los ciudadanos que los esfuerzos no serán en vano; quizá se les está pidiendo un esfuerzo más, y llevan muchos, pero todo ese esfuerzo tiene un fin». Parece obvio, así formulado, que las nuevas políticas perjudican directamente a los ciudadanos. De ellos se espera que hagan un esfuerzo. Lo difícil es explicar la necesidad de continuar haciendo esfuerzos sin vender la promesa de un futuro mejor. Por eso, el fin es importante: crear empleo y generar riqueza. Objetivos loables pero abstractos y situados en un horizonte temporal indefinido. El esfuerzo, sin embargo, es concreto y afecta al día a día de los ciudadanos.

Y como el déficit público era mucho peor de lo que se había estimado, «el Gobierno se ve obligado a adoptar otras medidas que no tenía previsto adoptar y que no hubiera adoptado». El Gobierno del mal menor, con sorprendente claridad, niega su capacidad de acción política. Las medidas que aplica en la actualidad jamás las hubiera adoptado si pudiera ser el Gobierno que querría ser pero que no es. Es un gobierno obligado a actuar en contra de su voluntad. Los culpables: el déficit público (otro de los grandes males para la economía) y, por supuesto, el mal (el Gobierno anterior de Zapatero).

Sáez de Santamaría se refiere a la totalidad del paquete de medidas como el «inicio del inicio». No podría ser de otro modo: el mal iniciado todavía es pequeño y el mal mayor está por llegar. Eso sí, cuando todo pase, España volverá a ocupar el lugar que le corresponde en la economía mundial.

Con Rajoy de vuelta a la escena pública, el principio del mal menor permanece inalterable. Rajoy inauguró su agenda internacional con la visita de Sarkozy. Rajoy secundó la propuesta del mandatario francés de implementar una tasa sobre las transacciones financieras. Dicha tasa, conocida como tasa Tobin, fue defendida hace más de una década por el movimiento alterglobalización ATTAC y cuenta con la simpatía de la izquierda. ¿Qué lleva a Rajoy a apoyar esta medida? Sarkozy respondió por él: «En España han subido los impuestos. ¿Cómo podemos decirle al ciudadano que la tasa a los movimientos financieros no tiene que existir?» No hay una motivación política, como controlar los excesos de los mercados financieros, sino que, en realidad, se trata de compensar a los ciudadanos para que los males que están padeciendo sean percibidos como menores.

También cumplió Rajoy con la tradición de realizar a Marruecos su primer viaje internacional como jefe de Gobierno. Rajoy, como presidente, ha abandonado pronto los gestos simbólicos contrarios a Marruecos que practicó en la oposición. El reconocimiento de los intereses económicos que unen a los dos países ha podido más. Está por ver si el PP, que tildó la política internacional del PSOE de buenismo, pretende convertir el mal menor en el eje de su realpolitik.

En su tercer encuentro internacional, Van Rompuy, el presidente del Consejo Europeo, mostró su aprobación hacia las políticas de Rajoy. Van Rompuy alabó al gobierno español por sus ajustes y reformas, que no son otros que los impuestos por la Unión Europea. Con optimismo, añadió que si los países hacen sus deberes, la UE saldrá de la crisis pronto. En fin.

Ni Sáez de Santamaría, sustituyendo al Rajoy ausente, ni el Rajoy hipercomunicativo, expuesto a los medios de comunicación, asumen que las decisiones tomadas responden a su proyecto político, sino que se escudan en la lógica de evitar un mal mayor.

Ahora bien, las medidas se aceptan esperando que las cosas vayan a ir mejor ya que 'algo hay que hacer'. ¿Y si cuesta más tiempo salir de la crisis y el crecimiento económico (por no hablar de la creación de empleo) es más lento de lo previsto? Sería deseable, pues, que el gobierno dedicara sus esfuerzos a promover el bien común y que los ciudadanos no tuvieran que sentir que la única opción que les queda es resignarse y aceptar el mal menor.

domingo, 1 de enero de 2012

Manifestantes

Aparecido en el diario La Rioja el 31 de diciembre de 2011

La revista norteamericana Time ha elegido a la persona del año. En esta ocasión, la persona no pertenece a un solo país sino a todos. En la portada, el rostro está cubierto por un pañuelo y la cabeza, por un gorro. Sólo vemos los ojos. El nombre de la persona: el manifestante. Puede provenir de la primavera árabe o de Grecia, de Occupy Wall Street o Moscú.

Es interesante, antes de volver al manifestante, mirar hacia atrás y ver quiénes fueron las personas seleccionadas en ediciones anteriores.

Una portada muy comentada en su momento fue la de 2006. La persona del año fue tú, representada por un ordenador y la siguiente leyenda: «Sí, tú. Tú controlas la Era de la Información. Bienvenido a tu mundo». Se trataba del reconocimiento al valor de las tecnologías de la comunicación y la capacidad de decisión absoluta atribuida al usuario. Era el mundo incipiente de un, aparentemente, todopoderoso individuo.

En 2008, el protagonismo recayó en el recién elegido presidente Barack Obama, destinado a ser el nuevo líder global. Obama parecía haber devuelto credibilidad a la política y los ciudadanos sintieron que les había dado esperanza (demasiada, tal vez) y confiaron en que se podía cambiar el sistema político. Sin embargo, pronto se diluyeron las expectativas y el desencanto se volvió a apoderar de los ciudadanos. El cambio por la vía política no llegó a producirse.

Al año siguiente el elegido fue Ben Bernanke, el presidente del banco central de EEUU, cuando la crisis económica apenas había empezado a mostrar su gravedad. Existía una confianza en que instituciones, como el banco central, fueran capaces de rescatar y salvar las economías americana y mundial. No hubo recuperación económica. Algo similar se experimentó en Europa, con planes de rescate, falta de coordinación internacional y economías nacionales al borde del colapso.

El honor recayó en 2010 sobre Mark Zuckerberg, creador de Facebook. En esta ocasión, el premio era para las redes sociales. La comunicación mediada a través de Internet se ha convertido en parte fundamental de la interacción cotidiana y del modo en que nos presentamos en público (cuántos amigos tenemos, qué nos gusta y cuáles son nuestros intereses). Es una forma de comunicarse y conocerse que tiene lugar en un espacio virtual.

De vuelta a 2011, los manifestantes. Con ellos, queda atras el indivudalismo del tú y hablamos de ciudadanos (y no de usuarios). Por otro lado, el escepticismo ante el sistema económico y su entremado institucional se ha extendido. Los ciudadanos también han dejado de identificarse con el discurso de los políticos y reclaman mayor inclusión en la toma de decisiones. Otro paso decisivo: las redes sociales han pasado del espacio virtual a las plazas, de Tahrir y de Sol.

El rostro del manifestante es singular pero también universal, ya que representa a todos los manifestantes que intentan cambiar el orden social desde distintos lugares. Al dedicar la portada y poner el foco en los manifestantes, Time nos revela algo significativo: la palabra pertenece a los manifestantes, mientras que los gobernantes (que quedan fuera del primer plano) han agotado su discurso y carecen de palabras para promover el cambio.

Dos casos ejemplifican esta afirmación: las lagrimas de la ministra italiana Elsa Fornero y la intervención del actor norteamericano Danny Glover en Occupy Oakland.

La ministra de Trabajo del nuevo gobierno italiano, Elsa Fornero, no pudo evitar ponerse a llorar cuando anunciaba el plan de austeridad y los duros ajustes que iban a sufrir los ciudadanos. A propósito de la reforma de las pensiones, Fornero hablaba de pedir a los ciudadanos, pero la ministra no llegó a concluir su frase (el objeto de la petición). Su voz se quebró y ella rompió en lágrimas sin terminar de pronunciar 'sacrificio'. El primer ministro, Mario Monti, impasible, se apropió de la palabra y comentó: «Pienso que ella quiso decir sacrificio».

Es cuanto menos curioso que las palabras devengan lagrimas (silencio doloroso) cuando el discurso político pierde sentido y en lugar de buscar el beneficio de los ciudadanos, sólo se exigen sacrificios. La posibilidad de la política es reemplazada por el discurso tecnocrático. El drama de los ciudadanos es escenificado publicamente por el llanto de Fornero, al igual que Monti simboliza la exclusión de la emoción en nombre de la racionalidad del mercado.

Danny Glover asumió el discurso de la indignación y habló de un nuevo objetivo político: recuperar la humanidad. Para ello, «tenemos que volver a imaginar y volver a pensar en qué queremos decir con democracia». Glover reclamó la lucha por el cambio social y actuar a favor de los intereses del pueblo y en contra de los intereses de las corporaciones. A diferencia del gobierno italiano, la política emerge desde la posición del ciudadano que no acepta con resignación los sacrificios y aspira a una sociedad mejor.

El actor, que alcanzó su mayor popularidad con la saga Arma Letal en compañía del controvertido Mel Gibson, abandona su papel de policía en la ficción y se convierte en ciudadano, integrado dentro de un nosotros. El famoso 'Yes, we can' de Obama perdió sentido cuando desapareció el nosotros. Glover devuelve el valor a las palabras para transformar la sociedad y, para ello, no las pronuncia en inglés, sino en español: 'Sí, se puede'.

Una ministra convertida en actriz que desplaza la dura realidad y un actor que no se resigna y aspira a cambiar el mundo. Así termina 2011. Con un rostro como protagonista: los manifestantes.