domingo, 22 de enero de 2012

El gobierno del mal menor

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 22 de enero de 2012

Si nos remontamos a la división clásica realizada por Aristóteles entre gobiernos buenos y malos, los primeros se preocupaban por el bien común mientras que los segundos perseguían favorecer a los intereses privados. A punto de cumplir un mes de presidente, resulta interesante preguntarnos hacia dónde se mueve el Gobierno de Rajoy.

Las primeras medidas adoptadas por el Gobierno de Rajoy para combatir el déficit se basan en la subida de los impuestos, la congelación de los salarios de los funcionarios (que tendrán que trabajar más horas), la congelación del salario mínimo interprofesional. La pregunta es obvia: ¿dónde se encuentra el bien común? Parece que la función del gobierno no es ya lograr el bien común sino evitar que la situación empeore. El Gobierno no aspira a ser bueno ni malo. Se conforma con ser el Gobierno del mal menor, cuyas medidas drásticas y poco populares están destinadas a salvar a los ciudadanos del desastre que no ha llegado todavía pero podría llegar.

Mariano Rajoy actuó consecuentemente desde el principio como presidente del mal menor. Fue sorprendente su desaparición de la esfera pública, especialmente cuando se anunciaron las primeras medidas de su gabinete. A diferencia de su predecesor, Rodríguez Zapatero, quien terminó por convertirse en el mal (y origen de todos los males), el presidente del mal menor puede ser invisible. Las decisiones de su Gobierno no necesitan ser defendidas por él, como principal responsable, sino que se defienden por sí solas: de no tomarse, todo sería peor.

De ahí que Soraya Sáez de Santamaría se convirtiera en la portavoz del mal menor con la siguiente promesa a los ciudadanos: «Queremos trasladar a los ciudadanos que los esfuerzos no serán en vano; quizá se les está pidiendo un esfuerzo más, y llevan muchos, pero todo ese esfuerzo tiene un fin». Parece obvio, así formulado, que las nuevas políticas perjudican directamente a los ciudadanos. De ellos se espera que hagan un esfuerzo. Lo difícil es explicar la necesidad de continuar haciendo esfuerzos sin vender la promesa de un futuro mejor. Por eso, el fin es importante: crear empleo y generar riqueza. Objetivos loables pero abstractos y situados en un horizonte temporal indefinido. El esfuerzo, sin embargo, es concreto y afecta al día a día de los ciudadanos.

Y como el déficit público era mucho peor de lo que se había estimado, «el Gobierno se ve obligado a adoptar otras medidas que no tenía previsto adoptar y que no hubiera adoptado». El Gobierno del mal menor, con sorprendente claridad, niega su capacidad de acción política. Las medidas que aplica en la actualidad jamás las hubiera adoptado si pudiera ser el Gobierno que querría ser pero que no es. Es un gobierno obligado a actuar en contra de su voluntad. Los culpables: el déficit público (otro de los grandes males para la economía) y, por supuesto, el mal (el Gobierno anterior de Zapatero).

Sáez de Santamaría se refiere a la totalidad del paquete de medidas como el «inicio del inicio». No podría ser de otro modo: el mal iniciado todavía es pequeño y el mal mayor está por llegar. Eso sí, cuando todo pase, España volverá a ocupar el lugar que le corresponde en la economía mundial.

Con Rajoy de vuelta a la escena pública, el principio del mal menor permanece inalterable. Rajoy inauguró su agenda internacional con la visita de Sarkozy. Rajoy secundó la propuesta del mandatario francés de implementar una tasa sobre las transacciones financieras. Dicha tasa, conocida como tasa Tobin, fue defendida hace más de una década por el movimiento alterglobalización ATTAC y cuenta con la simpatía de la izquierda. ¿Qué lleva a Rajoy a apoyar esta medida? Sarkozy respondió por él: «En España han subido los impuestos. ¿Cómo podemos decirle al ciudadano que la tasa a los movimientos financieros no tiene que existir?» No hay una motivación política, como controlar los excesos de los mercados financieros, sino que, en realidad, se trata de compensar a los ciudadanos para que los males que están padeciendo sean percibidos como menores.

También cumplió Rajoy con la tradición de realizar a Marruecos su primer viaje internacional como jefe de Gobierno. Rajoy, como presidente, ha abandonado pronto los gestos simbólicos contrarios a Marruecos que practicó en la oposición. El reconocimiento de los intereses económicos que unen a los dos países ha podido más. Está por ver si el PP, que tildó la política internacional del PSOE de buenismo, pretende convertir el mal menor en el eje de su realpolitik.

En su tercer encuentro internacional, Van Rompuy, el presidente del Consejo Europeo, mostró su aprobación hacia las políticas de Rajoy. Van Rompuy alabó al gobierno español por sus ajustes y reformas, que no son otros que los impuestos por la Unión Europea. Con optimismo, añadió que si los países hacen sus deberes, la UE saldrá de la crisis pronto. En fin.

Ni Sáez de Santamaría, sustituyendo al Rajoy ausente, ni el Rajoy hipercomunicativo, expuesto a los medios de comunicación, asumen que las decisiones tomadas responden a su proyecto político, sino que se escudan en la lógica de evitar un mal mayor.

Ahora bien, las medidas se aceptan esperando que las cosas vayan a ir mejor ya que 'algo hay que hacer'. ¿Y si cuesta más tiempo salir de la crisis y el crecimiento económico (por no hablar de la creación de empleo) es más lento de lo previsto? Sería deseable, pues, que el gobierno dedicara sus esfuerzos a promover el bien común y que los ciudadanos no tuvieran que sentir que la única opción que les queda es resignarse y aceptar el mal menor.

domingo, 1 de enero de 2012

Manifestantes

Aparecido en el diario La Rioja el 31 de diciembre de 2011

La revista norteamericana Time ha elegido a la persona del año. En esta ocasión, la persona no pertenece a un solo país sino a todos. En la portada, el rostro está cubierto por un pañuelo y la cabeza, por un gorro. Sólo vemos los ojos. El nombre de la persona: el manifestante. Puede provenir de la primavera árabe o de Grecia, de Occupy Wall Street o Moscú.

Es interesante, antes de volver al manifestante, mirar hacia atrás y ver quiénes fueron las personas seleccionadas en ediciones anteriores.

Una portada muy comentada en su momento fue la de 2006. La persona del año fue tú, representada por un ordenador y la siguiente leyenda: «Sí, tú. Tú controlas la Era de la Información. Bienvenido a tu mundo». Se trataba del reconocimiento al valor de las tecnologías de la comunicación y la capacidad de decisión absoluta atribuida al usuario. Era el mundo incipiente de un, aparentemente, todopoderoso individuo.

En 2008, el protagonismo recayó en el recién elegido presidente Barack Obama, destinado a ser el nuevo líder global. Obama parecía haber devuelto credibilidad a la política y los ciudadanos sintieron que les había dado esperanza (demasiada, tal vez) y confiaron en que se podía cambiar el sistema político. Sin embargo, pronto se diluyeron las expectativas y el desencanto se volvió a apoderar de los ciudadanos. El cambio por la vía política no llegó a producirse.

Al año siguiente el elegido fue Ben Bernanke, el presidente del banco central de EEUU, cuando la crisis económica apenas había empezado a mostrar su gravedad. Existía una confianza en que instituciones, como el banco central, fueran capaces de rescatar y salvar las economías americana y mundial. No hubo recuperación económica. Algo similar se experimentó en Europa, con planes de rescate, falta de coordinación internacional y economías nacionales al borde del colapso.

El honor recayó en 2010 sobre Mark Zuckerberg, creador de Facebook. En esta ocasión, el premio era para las redes sociales. La comunicación mediada a través de Internet se ha convertido en parte fundamental de la interacción cotidiana y del modo en que nos presentamos en público (cuántos amigos tenemos, qué nos gusta y cuáles son nuestros intereses). Es una forma de comunicarse y conocerse que tiene lugar en un espacio virtual.

De vuelta a 2011, los manifestantes. Con ellos, queda atras el indivudalismo del tú y hablamos de ciudadanos (y no de usuarios). Por otro lado, el escepticismo ante el sistema económico y su entremado institucional se ha extendido. Los ciudadanos también han dejado de identificarse con el discurso de los políticos y reclaman mayor inclusión en la toma de decisiones. Otro paso decisivo: las redes sociales han pasado del espacio virtual a las plazas, de Tahrir y de Sol.

El rostro del manifestante es singular pero también universal, ya que representa a todos los manifestantes que intentan cambiar el orden social desde distintos lugares. Al dedicar la portada y poner el foco en los manifestantes, Time nos revela algo significativo: la palabra pertenece a los manifestantes, mientras que los gobernantes (que quedan fuera del primer plano) han agotado su discurso y carecen de palabras para promover el cambio.

Dos casos ejemplifican esta afirmación: las lagrimas de la ministra italiana Elsa Fornero y la intervención del actor norteamericano Danny Glover en Occupy Oakland.

La ministra de Trabajo del nuevo gobierno italiano, Elsa Fornero, no pudo evitar ponerse a llorar cuando anunciaba el plan de austeridad y los duros ajustes que iban a sufrir los ciudadanos. A propósito de la reforma de las pensiones, Fornero hablaba de pedir a los ciudadanos, pero la ministra no llegó a concluir su frase (el objeto de la petición). Su voz se quebró y ella rompió en lágrimas sin terminar de pronunciar 'sacrificio'. El primer ministro, Mario Monti, impasible, se apropió de la palabra y comentó: «Pienso que ella quiso decir sacrificio».

Es cuanto menos curioso que las palabras devengan lagrimas (silencio doloroso) cuando el discurso político pierde sentido y en lugar de buscar el beneficio de los ciudadanos, sólo se exigen sacrificios. La posibilidad de la política es reemplazada por el discurso tecnocrático. El drama de los ciudadanos es escenificado publicamente por el llanto de Fornero, al igual que Monti simboliza la exclusión de la emoción en nombre de la racionalidad del mercado.

Danny Glover asumió el discurso de la indignación y habló de un nuevo objetivo político: recuperar la humanidad. Para ello, «tenemos que volver a imaginar y volver a pensar en qué queremos decir con democracia». Glover reclamó la lucha por el cambio social y actuar a favor de los intereses del pueblo y en contra de los intereses de las corporaciones. A diferencia del gobierno italiano, la política emerge desde la posición del ciudadano que no acepta con resignación los sacrificios y aspira a una sociedad mejor.

El actor, que alcanzó su mayor popularidad con la saga Arma Letal en compañía del controvertido Mel Gibson, abandona su papel de policía en la ficción y se convierte en ciudadano, integrado dentro de un nosotros. El famoso 'Yes, we can' de Obama perdió sentido cuando desapareció el nosotros. Glover devuelve el valor a las palabras para transformar la sociedad y, para ello, no las pronuncia en inglés, sino en español: 'Sí, se puede'.

Una ministra convertida en actriz que desplaza la dura realidad y un actor que no se resigna y aspira a cambiar el mundo. Así termina 2011. Con un rostro como protagonista: los manifestantes.