El éxodo de investigadores españoles al extranjero se ha agudizado con la crisis, pero no empezó ayer ni afecta solo a los biólogos o a los ingenieros. Óscar García Agustín (Logroño, 1974), doctor en Filología Hispánica por la UR y licenciado en Ciencias Políticas por la Uned, decidió irse a Dinamarca hace ya nueve años. Desde su despacho en la Universidad de Aalborg charla con Diario La Rioja y reflexiona sobre la fuga de cerebros, un concepto elocuente, pero a veces demasiado escurridizo.
-¿Cómo acabó usted en Aalborg?
-Ya hace nueve años la precariedad era muy alta. En un momento dado, tras ser rechazado en dos entrevistas en colegios concertados de Madrid y terminar un contrato de cuatrimestre con la UR, sin posibilidad de continuidad, decidí probar suerte en Dinamarca, de donde era mi entonces novia y ahora mujer.
-Para el investigador, de la disciplina que sea, ¿qué tiene la Universidad danesa que no tenga la española?
-Las condiciones son menos precarias, aunque la precariedad se ha ido extendiendo en los últimos años. Por ejemplo, un estudiante de Doctorado tiene un contrato laboral pleno, un salario alto y un mayor reconocimiento (institucional y laboral). También hay más flexibilidad: no hay un sistema tan farragoso ni hay que acumular kilos de papeles con títulos de todo tipo. Tienes más posibilidades de acceder a una plaza si tu perfil encaja mejor, sin depender de factores externos. Y por último, el horario de trabajo es mucho más razonable y permite conciliar la vida familiar y laboral.

-¿Se plantearía regresar a España en un futuro?
-Lo veo difícil. Yo estoy contratado como titular, mi mujer también trabaja... Deberíamos encontrar algo equivalente. Muy difícil.
-Las fronteras cada vez son más porosas y las barreras idiomáticas menores... ¿Tiene aún sentido hablar de fuga de cerebros?
-No sé hasta qué punto tiene sentido hablar de fuga de cerebros en el contexto de la crisis económica española. Asocio más la fuga de cerebros a la inmigración selectiva que se realiza en la UE o en los Estados Unidos para atraer a los trabajadores más cualificados del Tercer Mundo. No sé si se puede afirmar que todos los españoles que emigran, sobre todo en el campo de las ingenierías o de las nuevas tecnologías, son altamente cualificados. Yo trabajo en Humanidades y Ciencias Sociales y no crean que son campos priorizados, tampoco en España. Pienso que se hace un uso alarmista y muy mediático del término.
-¿Cómo está realmente el nivel educativo español?
-Los datos estadísticos no lo dejan en buen lugar, así que el problema existe. En dominio de idiomas, en acceso a tecnologías en el aula... España está por detrás. Pero también percibo mejoras: veo que cada vez hay más estudiantes que hablan inglés, viajan y estudian fuera.
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