Artículo aparecido en el diario La Rioja el 1 de junio de 2012.
Desde que ha llegado al poder, el Partido Popular ha mostrado una
capacidad asombrosa para perder apoyos electorales. Si atendemos al
sondeo reciente realizado para El Periódico de Cataluña, constatamos que el
PP perdería la mayoría absoluta conseguida el año pasado. El PSOE no
saca beneficio del desplome popular y tiene el mérito añadido de bajar
más aún en estimación de voto. Es fácil decir que todo esto se debe a la
gestión de la crisis y al rescate financiero, pero lo cierto es que
estas condiciones se endurecerán a lo largo de los próximos meses. Esto
supondrá, probablemente, un mayor desgaste (y menor apoyo) para los dos
grandes partidos.
Tanto el PP como el PSOE tendrán que enfrentarse a una crisis política,
paralela a la económica, que podría traducirse, en su caso más extremo,
en una desafección hacia las opciones políticas tradicionales
(especialmente, hacia la socialdemocracia) similar a la de Grecia. Es
difícil imaginar que Mariano Rajoy o Alfredo Pérez Rubalcaba vayan a ser
los encargados de liderar la política postcrisis. Sus proyectos
totalmente desideologizados y dependientes de las decisiones tomadas en
Bruselas no parecen los adecuados para que los partidos mayoritarios
sigan contando con la confianza de los electores.
No sería extraño que posiciones más ideologizadas se fueran abriendo
paso, también entre el PP y el PSOE, para ofrecer nuevas tendencias
políticas. Ya hemos podido apreciar algunos movimientos en esta
dirección. Identificamos a continuación algunas de las vías políticas
apuntadas por algunos de los líderes de ambas formaciones. En concreto,
dos tipos de neoliberalismo y de socialdemocracia.
Encumbrada por un artículo en The Wall Street Journal, el proyecto
político de María Dolores de Cospedal toma fuerza. Cospedal ha hecho
suyo el modelodelaausteridad. Antes de que la oposición entre austeridad
y crecimiento fuera evidenciada por la llegada de François Hollande al
poder, la presidenta de Castilla La Mancha había empezado a aplicar con
determinación la filosofía de la Europa de Merkel. En principio, se
pensó en Cospedal como un ensayo de lo que podría hacer el venidero
Gobierno de Rajoy, pero, en realidad, se ha demostrado que Cospedal ha
logrado una versión más avanzada de las políticas de austeridad que las
logradas por Rajoy. Recortes a funcionarios, en Educación y en Sanidad.
El desmantelamiento del Estado de bienestar se realiza en nombre de la
reducción del déficit público con la esperanza de que ello conduzca al
crecimiento económico.
Mientras que Cospedal basa su apuesta en la austeridad para el
crecimiento, el modelo deTea Party de Esperanza Aguirre incluye aspectos
de más calado ideológico, menos ligados a la coyuntura económica. En
sintonía con su gusto por la provocación, Aguirre en el 2010 destacó que
compartía con el Tea Party tres principios: el patriotismo, menos
impuestos y menos intervención del gobierno. Y nada más. Lo cierto es
que aquí no acaban las coincidencias de Aguirre con está combinación
entre neoconservadurismo y neoliberalismo, tal y como se aprecia en
temas como el aborto, la sanidad pública o el uso de los canales de
televisión como si fueran versiones nacionales de la Fox. Aguirre ha
encontrado un modo único de definir los intereses de los ciudadanos,
similar al empleado por el Tea Party. Tomemos el caso de Eurovegas y la
hipotética suspensión de la prohibición de fumar. Los valores de la
iniciativa empresarial y de la prosperidad económica son exaltados por
encima de la salud pública, del gobierno central y el modelo
(especulativo) económico que dicho proyecto conlleva.
En el bando socialista, Carme Chacón inició el modeloreformista, un
modelo formulado en pretérito imperfecto en el momento en que anunció su
renuncia a presentarse a las elecciones primarias del PSOE. Su
declaración basada en la repetición de ‘quería’ da cuenta de la
política de lo imposible: la combinación del pasado y del presente, la
satisfacción por lo conseguido y la autocrítica por lo que se abandonó.
Chacón perdió su gran oportunidad frente al continuismo de Rubalcaba
para marcar una agenda reformista, basada en principios
socialdemócratas. Se habló mucho de su sobreactuación pero por mi mente
pasaron las contradicciones de lo que Zizek denomina el discurso
histérico, esto es, el discurso encargado de pedir al Amolas demandas
que no puede cumplir. Lo que no se pudo conseguir bajo el gobierno de
Zapatero, tampoco se podrá conseguir sin, al menos, un conato de
ruptura. Por eso la imperfección del ‘ quería’ define un modelo
reformista de imposible realización.
El encargado de asumir ese paso ha sido Tomás Gómez. Su reconocimiento
de que el PSOE no tiene credibilidad es el único modo de iniciar la
recuperación de la iniciativa política. El modelo alternativo de Gómez
parece aproximarse más a la socialdemocracia francesa que a Syriza en
Grecia. Contrario a la política de austeridad y de recortes, Gómez
critica abiertamente a las élites financieras, propone crear un banco
público y la imposición de un impuesto a las entidades financieras y
trabajar con Francia e Italia para contrarrestar el papel hegemónico
desempeñado por Alemania dentro del marco europeo. Todavía queda por
demostrar cómo se puede hacer efectivo el paso de la alternancia a la
alternativa pero su oposición a la derecha, a la del PP con Aguirre a la
cabeza e incluso a la del PSOE, queda clara.
Por la derecha o por la izquierda, los partidos mayoritarios deberán ser
capaces de generar alternativas si quieren evitar que la crisis
económica termine por convertirse en una crisis de los partidos.

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