miércoles, 26 de septiembre de 2012

Endeudados

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 16 de septiembre de 2012.

El inicio de la entrevista a Mariano Rajoy el pasado lunes en Televisión Española fue significativo para entender el momento en el que nos encontramos. Primera pregunta formulada por la periodista María Casado: «Presidente, ¿España necesita un rescate?». Rajoy se muestra dubitativo y le cuesta dar forma a su respuesta. Finalmente, lo hace e intenta realizar una aproximación personalizada para lograr la comprensión del espectador. Compara la petición del rescate con la petición de un crédito para comprar una casa. Según Rajoy, el ciudadano tiene que ‘estudiárselo’ antes de pedir una hipoteca y lo mismo tiene que hacer el Gobierno.

Rajoy, inseguro, demuestra con una simple imagen su capacidad de hablar sobre los ciudadanos sin comprender sus preocupaciones. Los ciudadanos piden un préstamo, sí, pero quedan endeudados y sus consecuencias le acompañan en su día a día, desde los problemas para llegar a fin de mes hasta, en el peor de los casos, el desahucio. El endeudamiento está contribuyendo a aumentar las desigualdades sociales y, sin embargo, Rajoy cree que los ciudadanos serán más comprensivos con el Gobierno si les explica que está considerando las condiciones impuestas (que van de malas a muy malas) para obtener el préstamo.

Como señala el sociólogo Maurizzio Lazzarato, la deuda pública produce una sociedad endeudada. En estos primeros meses de gobierno, ya estamos viendo cómo los ciudadanos están teniendo que asumir los costes de la deuda (la del crédito para pagar su casa y la de la deuda pública). Ejemplos no faltan: los múltiples recortes que están padeciendo los funcionarios públicos, el desmantelamiento de la Sanidad, la reducción del presupuesto para Educación pública, el aumento del IVA en la cultura, la eliminación de servicios sanitarios gratuitos para inmigrantes indocumentados... Todos están pagando la deuda mientras que Rajoy está estudiando las condiciones del préstamo.


En la entrevista de TVE, Rajoy no se atrevió a hablar de líneas rojas y se limitó a decir que su interés era bajar el déficit público. Lo único que se comprometió a no tocar (dando a entender que tocaría todo lo demás) son las pensiones. El pensionista, dijo, «es la persona más indefensa, es el que lo tiene más difícil, ya no va a tener otra oportunidad, no va a buscar uno un puesto de trabajo a los 80 años o a los 75». La pena es que el mismo criterio no se aplica a quienes se están quedando indefensos por la crisis y sus diagnósticos. Los jóvenes tienen problemas para encontrar trabajo, aunque lo buscan, y, si la cosa sigue así, tendrán que continuar buscando trabajo a los 75 o los 80.

Cuando el nuevo Gobierno se constituyó, se nos vendió la idea de que se trataba de un Ejecutivo competente, de un conjunto de gente preparada para gestionar la crisis. Algo similar a lo que el filósofo SlavojZizek llama post-política para referirse a que lo importante es la gestión ‘eficaz’ y se niega cualquier tipo de conflicto ideológico. El Gobierno de Rajoy fue una celebración de la post-política: un Gobierno de carácter tecnocrático, elegido por mayoría absoluta. La legitimidad de cualquier medida de endeudamiento se garantizaba así por la legitimidad otorgada por las urnas.

Y el problema de los gobiernos tecnocráticos es que confunden las prioridades cuando hablan de economía (el gran Acreedor) y ciudadanos (endeudados). Por eso, el ministro de Guindos declaró el miércoles ante el Congreso que será imposible mantener las prestaciones sociales si no mejora la economía. ¿Por qué no invertir la lógica y aumentar las prestaciones sociales para que mejore la economía? Parece bastante evidente que la lógica del endeudamiento que se está imponiendo consiste en reducir las prestaciones y se podría resumir como ‘para salvar el Estado de bienestar hay que desmontarlo’.

La marea social del 15S, convocada por la Cumbre Social, representa un momento político (en oposición a la postpolítica del Gobierno tecnocrático) en el que la ciudadanía toma la calle para denunciar lo que está pasando: no está mejorando la economía, sino que están empeorando las condiciones de los ciudadanos. El endeudamiento ha repercutido en la economía cotidiana y, al mismo tiempo, en los derechos de los ciudadanos. De ahí que se trate, como dicen los manifestantes, de una involución democrática. El 15S se convierte en una reivindicación de un modelo democrático basado en los derechos sociales, la justicia y la lucha contra la desigualdad.

Resulta interesante que la marea social sea una marea multicolor y se hayan elegido distintos colores para hacer visibles algunos de los sectores afectados: educación, de verde; sanidad, de blanco; servicios sociales, de naranja; administraciones públicas, de negro. Es una manera de simbolizar la diversidad característica del colectivo ciudadano al que la crisis ha unificado al transformarlos en endeudados. Es una manera de recuperar la política: manifestarse contra los recortes y, aun más importante, defender los derechos de la ciudadanía (hoy seriamente amenazados) como principio constituyente de la democracia.

Hace bien Rajoy en pensar antes de tomar decisiones, como cualquier ciudadano cuando va a solicitar un préstamo al banco. Pero las relaciones sociales no deberían depender de las condiciones exigidas por los bancos. España va a ser rescatada cuando en realidad son los ciudadanos, reducidos a endeudados, quienes deberían ser rescatados. Como nadie los va a rescatar, la marea social ocupa la calle. Sería deseable que Rajoy escuchara a los ciudadanos y no sólo al banco.

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