sábado, 6 de abril de 2013

Precariedad y emigración juvenil

Con la campaña “No nos vamos, nos echan”, Juventud Sin Futuro tiene el objetivo de mostrar que la precariedad que está afectando a todos los españoles obliga a muchos jóvenes a abandonar el país en busca de mejores oportunidades laborales. De ahí que el colectivo hable de exilio para enfatizar que se trata de una migración forzada que no responde únicamente a motivaciones personales.
 
El gran valor de la campaña consiste, precisamente, en contradecir la idea de que emigrar es una decisión exclusivamente individual y que la buena fortuna en el extranjero depende de los propios méritos del emigrante. La falta de voluntariedad se explica por las políticas de austeridad y la extendida precariedad laboral que crean unas condiciones estructurales que dificultan a los jóvenes encontrar un trabajo digno (por no hablar de trabajo estable, o menos aun, fijo). Esto hace que los jóvenes se planteen abandonar el país como una necesidad laboral y no como una decisión individual debida a su propio deseo de emigrar. Por otro lado, la precariedad no termina en el terreno nacional, sino que se experimenta en el extranjero también. Esto se opone al imaginario del emigrante-turista, potenciado por ‘Españoles en el mundo’, donde historias de éxito personal son acompañadas por postales turísticas de los países de acogida. La campaña de “No nos vamos” muestra otras biografías que reflejan mejor las condiciones reales que tienen que afrontar los emigrantes, sobre todo si tenemos en cuenta que los primeros meses o años suelen ser duros. 
  

Creo, además, que la idea de la campaña supone un cuestionamiento del modo en que se ha tratado de entender la inmigración en el marco europeo. La Unión Europea, con una estrategia de Lisboa renovada basada en el crecimiento, la productividad y el empleo, intentó promover un tipo de inmigración laboral a la demanda. Para aumentar la competitividad económica (y responder al desafío de la evolución demográfica), la UE debía ser atractiva para inmigrantes altamente cualificados que contribuirían al crecimiento económico y a la productividad nacional.  

Después de la crisis económica, la ilusión de que la inmigración podría controlarse para incrementar el crecimiento y la productividad nacionales ha quedado claramente desmentida. España, como país reciente de inmigración, ha visto cómo el número de inmigrantes se ha reducido (además de aumentar el desempleo entre ellos). Las altas tasas de desempleo han vuelto a hacer que la emigración sea la única alternativa para algunos sectores de la población. Los jóvenes no abandonan España (salvo en algunos casos) para ir a otros países donde se requiere mano de obra acorde a sus cualificaciones, sino que se adaptan a los trabajos que encuentran en los países de destino. La idea de que la inmigración se puede regular y controlar según las demandas de los mercados laborales nacionales (con su enfoque en los sectores altamente cualificados) fracasa estrepitosamente al encontrarse con mercados laborales cuya oferta de trabajo (especialmente juvenil) es casi inexistente y precaria.

Porque la palabra clave para esta juventud sin futuro es la precariedad. La noción de ‘generación perdida’ es un tanto ambivalente porque conlleva cierta pasividad: las posibilidades de los jóvenes son desaprovechadas (perdidas) y la generación en sí parece incapaz de encontrar su rumbo (como si fuera incapaz de revertir o cambiar dicha situación). Es cierto que se está desaprovechando laboralmente a una generación altamente cualificada pero esto es así debido a las condiciones de precariedad socioeconómica que obligan a los jóvenes a aceptar cualquier tipo de trabajo o a emigrar. Esta generación precaria no está sola, sino que esta acompañada de muchos otros sectores de la población que viven en la precariedad (también los jóvenes inmigrantes en España que son uno de los sectores más afectados por la crisis).

Es importante que los jóvenes, los que no se van y a los que les echan, muestren que la emigración no es una opción meramente individual ni la precariedad es el resultado de una carrera personal mal orientada. Los movimientos sociales emergidos tras la crisis nos están enseñando a politizar problemas que habían sido despolitizados. La Plataforma de Afectados por la Hipoteca ha combatido el sentimiento individualizado de culpa de quienes no pueden pagar sus deudas y ahora Juventud Sin Futuro rechaza que la emigración responda a motivos individuales. La gran virtud de estos movimientos consiste, en definitiva, en identificar y combatir las causas que provocan los desahucios o la emigración forzosa. Y las causas no son otras que políticas, económicas y sociales. En ningún caso, individuales. Por eso, la única manera de cambiarlas pasa por organizarse social y políticamente y no por emprender un viaje a Noruega tras ver cómo se defienden otros españoles por el mundo.

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