Reseña del libro Memecracia. Los Virales que nos gobiernan de Delia Rodríguez, editorial Gestión 2000. 2013, 206 páginas. Aparecida en el suplemento GPS del diario La Rioja el 15 de noviembre de 2013.
Contra la extendida idea de que Internet nos ofrece un espacio de
libertad, Alex Galloway destaca que es más bien al contrario. Internet
es, ante todo, un espacio de control, conseguido mediante la tecnología.
De manera complementaria, Memecracia, de Delia Rodríguez, no se refiere
a la tecnología (al menos, no directamente), sino a cómo las ideas
contagiosas o memes controlan nuestras mentes. Éste es el gran valor del
libro: en lugar de fomentar la creencia de que las ideas se limitan a
circular libremente por Internet, ‘Memecracia’ nos alerta del abuso de
las ideas contagiosas y los fenómenos virales que condicionan nuestra
conducta, nuestros gustos y, en definitiva, nuestra capacidad de
elección.
Con acierto, Rodríguez explica que los medios de comunicación, en su
afán por entender y adaptarse a la nueva lógica desarrollada por
Internet, se han transformado en medios de emoción. La función
informativa ha sido reemplazada por la urgencia de contagiar ideas y
conseguir la mayor repercusión posible, con independencia del valor del
contenido. El periodismo actual abandona los contenidos más relevantes y
costosos, como los reportajes, y se dedica a explotar la popularidad de
las ideas contagiosas. Prueba de ello es que en sus ediciones online,
los tweets de Bisbal o la última actuación de Miley Cyrus figuran entre
las noticias más vistas por los internautas, desplazando noticias de
mucho más calado.
Este loable carácter crítico del libro convive con otro más
divulgativo, de manera que podemos identificar tres tipos de lectores:
los periodistas, cuya función esencial es priorizar lo relevante y
renunciar a lo intranscendente; los consumidores de memes, a quienes se
les orienta sobre cómo ser más críticos; y los productores de memes, que
cuentan con consejos para mejorar sus técnicas de difusión de memes
(como se aprecia en el checklist, prescindible en mi opinión, sobre qué
debe tener tu meme para triunfar). En Delia Rodríguez confluyen estas
tres figuras y yo diría que el libro es mejor cuando acentúa el sentido
crítico y no tanto cuando se recrea en algunos de los memes exitosos
(como en el capítulo sobre los famosos).
Los casos usados son de naturaleza muy diversa. Los de entretenimiento
pueden ser de todo tipo pero sobresalen los que usan la mezcla y la
apropiación de imágenes para burlarse de los poderosos, como pasa con
los memes sobre la familia real. Los de campañas (algunas falsas) de
memes resultan atractivos por el conocimiento que la autora muestra
sobre cómo se gestaron y difundieron. Los de acción política son, por su
potencial, los más interesantes. La relectura del 15M como un fenómeno
de producción de memes o la consideración del activismo creativo de
grupos como Anonymous o Femen como guerreros del meme muestran cómo se
pueden abrir espacios de resistencia y alterar la agenda política.
Hay referencias a teorías estimulantes (como Augé o Lessig), aunque, por
poner una pega, suele predominar la lectura biológica del
comportamiento sobre la más sociológica (y de lo individual sobre lo
colectivo). Con todo, ‘Memecracia’ contribuye con una visión original, y
un nuevo vocabulario, para advertirnos del poder de control de las
ideas contagiosas (y de quienes las controlan) y prepararnos para la
guerra del meme.

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