martes, 10 de junio de 2014

El rey desnudo

Siempre es interesante ver cómo el reducido número de países con monarquía reacciona ante noticias monárquicas de calado, como la abdicación de Juan Carlos en el Príncipe Felipe. Al final, se termina hablando de la monarquía propia y no sólo de la españolay, por otro lado, uno puede atender a la imagen proyectada por un país mediante su monarca, la llamada ‘marca España’.

En Dinamarca, la monarquía goza de una salud inmejorable. Pocas cosas hay más danesas que la bandera rojiblanca, la obra de H.C. Andersen y la reina Margarita, heredera de la monarquía más longeva de Europa. Sin embargo, debido también a la longevidad de la propia reina (74 años), noticias como la abdicación de la reina Beatriz de Holanda (75) o de Juan Carlos (76) no son las que se reciben con más alegría en el reino de Dinamarca, ya que pronto derivan en discusiones sobre si la reina debe o no abdicar en el príncipe Federico. Margarita ya ha expresado en repetidas ocasiones que los reyes lo son hasta que se mueren, así que no sorprende que pronto la prensa se apresure a diferenciar el caso español del danés («Nuestra Margarita goza de buena salud»), especialmente en lo más específico del caso español, y perjudicial para la marca España: un monarca en crisis en un país en crisis.

El retrato ofrecido por los medios de comunicación daneses de Juan Carlos es bastante negativo pero no hay ninguna crítica a la monarquía como institución ni referencias, por ahora, al debate sobre la República. Toda la pérdida de apoyo y legitimidad de la monarquía queda concentrada en la figura del rey saliente. Así pues, la televisión danesa subraya la pérdida creciente de popularidad de la monarquía, explicada por una acumulación de escándalos bien conocidos, desde el safari en África hasta la sospecha de corrupción sobre la infanta Cristina y su marido. La prensa escrita online profundiza en esta versión y ofrece, siguiendo fuentes españolas de ‘expertos en la monarquía’, la narrativa oficial: el príncipe Felipe está muy preparado para asumir el puesto y puede devolver el entusiasmo monárquico a los ciudadanos. De hecho, el prestigioso periódico Politiken destaca la popularidad del príncipe y su capacidad para modernizar la institución monárquica.

La prensa más sensacionalista tampoco ofrece un retrato muy favorable de Juan Carlos. El periódico Ekstra Bladetse refiere al legado del Borbón como ‘el rey mujeriego’ y, tras repasar algunos de sus romances, concluye que Juan Carlos «siempre tuvo buen ojo para las mujeres –excepto para la suya». Las fuentes empleadas, en este caso, provienen del libro de Pilar Eyre, y la Reina Sofia mantiene su imagen de mujer sacrificada y comprometida con la monarquía.

Cuando el foco se desplaza hacia el Heredero, los medios, tras repasar su historial amoroso anterior a Letizia, son, de nuevo, unánimes en las virtudes de Felipe: un hombre moderno destinado a modernizar la monarquía y recuperar la confianza pérdida tras el reinado de su padre.

Como en todo buen cuento, con la llegada del príncipe bueno desaparecen los males creados por el rey irresponsable. Dinamarca, bebiendo de la tradición de H.C. Andersen, apunta hacia el rey Juan Carlos y grita que está desnudo, que es un peligro para la monarquía (no sólo española) que sólo su hijo podrá remediar. Y mientras todos siguen con su mirada los dedos apuntando hacia el rey desnudo, la reina Margarita se relaja, enciende otro cigarro (ahora ya no en público porque queda mal) y sonríe porque su monarquía goza de buena salud. ¿Y la de su majestad? Aun mejor. 

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