Siempre es interesante ver cómo el reducido número de países con
monarquía reacciona ante noticias monárquicas de calado, como la
abdicación de Juan Carlos en el Príncipe Felipe. Al final, se termina
hablando de la monarquía propia y no sólo de la españolay, por otro
lado, uno puede atender a la imagen proyectada por un país mediante su
monarca, la llamada ‘marca España’.
En Dinamarca, la monarquía goza de una salud inmejorable. Pocas cosas
hay más danesas que la bandera rojiblanca, la obra de H.C. Andersen y la
reina Margarita, heredera de la monarquía más longeva de Europa. Sin
embargo, debido también a la longevidad de la propia reina (74 años),
noticias como la abdicación de la reina Beatriz de Holanda (75) o de
Juan Carlos (76) no son las que se reciben con más alegría en el reino
de Dinamarca, ya que pronto derivan en discusiones sobre si la reina
debe o no abdicar en el príncipe Federico. Margarita ya ha expresado en
repetidas ocasiones que los reyes lo son hasta que se mueren, así que no
sorprende que pronto la prensa se apresure a diferenciar el caso
español del danés («Nuestra Margarita goza de buena salud»),
especialmente en lo más específico del caso español, y perjudicial para
la marca España: un monarca en crisis en un país en crisis.
El retrato ofrecido por los medios de comunicación daneses de Juan
Carlos es bastante negativo pero no hay ninguna crítica a la monarquía
como institución ni referencias, por ahora, al debate sobre la
República. Toda la pérdida de apoyo y legitimidad de la monarquía queda
concentrada en la figura del rey saliente. Así pues, la televisión
danesa subraya la pérdida creciente de popularidad de la monarquía,
explicada por una acumulación de escándalos bien conocidos, desde el
safari en África hasta la sospecha de corrupción sobre la infanta
Cristina y su marido. La prensa escrita online profundiza en esta
versión y ofrece, siguiendo fuentes españolas de ‘expertos en la
monarquía’, la narrativa oficial: el príncipe Felipe está muy preparado
para asumir el puesto y puede devolver el entusiasmo monárquico a los
ciudadanos. De hecho, el prestigioso periódico Politiken destaca la
popularidad del príncipe y su capacidad para modernizar la institución
monárquica.
La prensa más sensacionalista tampoco ofrece un retrato muy
favorable de Juan Carlos. El periódico Ekstra Bladetse refiere al legado
del Borbón como ‘el rey mujeriego’ y, tras repasar algunos de sus
romances, concluye que Juan Carlos «siempre tuvo buen ojo para las
mujeres –excepto para la suya». Las fuentes empleadas, en este caso,
provienen del libro de Pilar Eyre, y la Reina Sofia mantiene su imagen
de mujer sacrificada y comprometida con la monarquía.
Cuando el foco se desplaza hacia el Heredero, los medios, tras
repasar su historial amoroso anterior a Letizia, son, de nuevo, unánimes
en las virtudes de Felipe: un hombre moderno destinado a modernizar la
monarquía y recuperar la confianza pérdida tras el reinado de su padre.
Como en todo buen cuento, con la llegada del príncipe bueno
desaparecen los males creados por el rey irresponsable. Dinamarca,
bebiendo de la tradición de H.C. Andersen, apunta hacia el rey Juan
Carlos y grita que está desnudo, que es un peligro para la monarquía (no
sólo española) que sólo su hijo podrá remediar. Y mientras todos siguen
con su mirada los dedos apuntando hacia el rey desnudo, la reina
Margarita se relaja, enciende otro cigarro (ahora ya no en público
porque queda mal) y sonríe porque su monarquía goza de buena salud. ¿Y
la de su majestad? Aun mejor.

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