martes, 17 de junio de 2014

Podemos: lo nuevo de la crisis

Que sí, que sí, que sí nos representan!», gritaban los simpatizantes de Podemos tras un resultado sorprendente que ha desestabilizado el tablero electoral. Al día siguiente, comenzó la lluvia de descalificaciones por parte de, entre otros, miembros del PP y del PSOE. Las encuestas posteriores dando a Podemos hasta 58 escaños en el Congreso incrementaron las críticas y el nerviosismo. Y sin embargo, esta semana el PP y el PSOE han actuado al unísono para cerrar cualquier cuestionamiento sobre la monarquía, y todo apunta, ya en Europa, a que el presidente de la Comisión será elegido con el acuerdo entre conservadores y socialdemócratas. Este contraste revela la situación de crisis en la que estamos inmersos: empieza como crisis económica (2007-08), deviene en crisis social (con el 15M en 2011) y ahora se muestra como crisis política.

Pero, ¿qué es una crisis? Siguiendo al filósofo Antonio Gramsci, la crisis es una transición, un periodo en el que el sistema anterior está desapareciendo mientras que uno nuevo todavía no ha aparecido (aunque haya síntomas de algo nuevo). Durante la crisis, la gente siente desafecto hacia la clase política porque está perdiendo su identificación ideológica con los partidos (por no hablar de la pérdida previa de identidad ideológica de los propios partidos). Los partidos tradicionales se esfuerzan en mantener el consenso bipartidista pero van perdiendo el control del discurso. Sus posiciones sobre un referéndum sobre la monarquía, sobre la reforma laboral, sobre el sistema de pensiones, son fuertemente contestadas. Podemos surge de la crisis como síntoma de algo nuevo, aunque todavía sin concretar. El PP y el PSOE todavía no se han dado cuenta de ello.


En este contexto, Podemos no se ha resignado a ocupar un puesto a la izquierda de la izquierda, sino que ha bebido de múltiples fuentes para expandir el horizonte social y electoral. Es uno de los pocos partidos que ha entendido el 15M y su necesidad de hacer otra política y, al mismo tiempo, de evitar los riesgos de la antipolítica. Las referencias a la clase social se desvanecen en un discurso transversal que traduce la política indignada del ‘no nos representan’ en términos de casta contra pueblo. Sin duda, la idea de casta ha contribuido a perjudicar aun más la imagen de los políticos del PP y PSOE, mientras que hablar en nombre del pueblo (la gente que padece la crisis) crea un nuevo y fuerte vínculo de identificación.

De esta manera, entendemos por qué el 29,9% del voto de Podemos procede del PSOE, con respecto a las anteriores europeas, y el 26,1% de IU. El votante desencantado es, por tanto, aquel que no suele votar pero también quien ha perdido la esperanza en que el PSOE ‘no le falle’. Cuando los simpatizantes de Podemos afirman que aspiran a ganar y no sólo a aumentar el número de diputados, despiertan el espíritu del sorpasso de Julio Anguita y crean vínculo directo con el pasado de IU y con el proyecto actual de crear un frente amplio y ciudadano. La referencia europea está en Grecia con Syriza, con posibilidades de gobernar ante un PASOK en caída libre, y no en Alemania, donde Die Linke hace un trabajo de oposición serio sin perturbar al gobierno de coalición liderado por Merkel.

Las estrategias comunicativa y organizacional ha intensificado el efecto de Podemos. La figura de Pablo Iglesias (y su presencia en la televisión y ¡en la papeleta electoral!) ha sido fundamental. Tras años elaborando, junto con otros colaboradores, el discurso incipiente de Podemos en La Tuerka (primero en Tele K y luego más recientemente en Público), Iglesias aprovechó sus intervenciones en las tertulias televisivas para definir su posición política y aumentar su popularidad. Por otro lado, la creación de círculos por ciudadanos conecta con el deseo de democracia participativa del 15M y supone para mucha gente el primer contacto con la política sin tener que pasar por la estructura altamente jerarquizada de un partido político tradicional.

El reto de Podemos reside, precisamente, en ser síntoma de lo nuevo sin que lo nuevo esté del todo definido y sin que lo viejo haya desaparecido. Una de las mayores dificultades va a ser acomodar movimientos internos con aspiraciones opuestas: la necesidad de mantener un proyecto político abierto y coherente hasta ahora definido por el entorno de Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero; la combinación de una forma de liderazgo personalizado con las demandas de participación de los distintos círculos y también con las aspiraciones de una fuerza más organizada como Izquierda Anticapitalista; y la dificultad de mantener la presencia en los medios de comunicación (o abrirla hacia otros portavoces) y la participación local (y su coordinación estatal).

No van a faltar desacuerdos en Podemos ni descalificaciones desde afuera, pero no se puede negar el papel asumido por Podemos para iniciar una salida a la crisis política y quizás una transición hacia nuevas formas-partido. El PSOE ya se plantea las primarias abiertas y mayor transparencia; incluso pronto podría repensar su identidad ideológica y no sólo sus candidatos a la secretaría general. IU también está pensando en abrir su organización. Un proyecto de confluencia política y social se está fraguando en Cataluña. Y el PP, en el poder, está a otra cosa. Carlos Floriano acusaba a Podemos de intentar utilizar el dolor y sufrimiento de la gente. Debe de ser mejor decir eso que preguntarse qué políticas están causando dolor y sufrimiento. No vaya a ser que la respuesta sea que hay que cambiar esas políticas. Y a sus políticos, claro. 

Artículo aparecido en el diario La Rioja el 15 de junio de 2014.

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