Si nos remontamos al 2001, José Luis Rodríguez Zapatero durante la campaña electoral vasca apeló al patriotismo constitucional porque permitía «ser galleguista, vasquista, catalanista, andalucista o de cualquier otra de las tierras que forman España». Zapatero quería reconocer así la diversidad cultural y lingüística, que suele quedar anulada por el carácter homogeneizador atribuido a la nación española. El patriotismo constitucional, en este sentido, reconoce la existencia de distintas culturas pero insiste en que éstas pueden coexistir bajo los valores constitucionales (y no valores estrictamente culturales) iguales para todos los ciudadanos. Ya en el poder, Zapatero intentó encontrar el equilibrio patriótico entre el marco legal y la diversidad cultural existentes mediante la reforma del estatuto catalán. Con poco éxito.
Curiosamente, el Partido Popular también se refirió al patriotismo constitucional como uno de los ejes de su programa político. José María Aznar pretendía de esta manera evitar que su partido quedara asociado con un nacionalismo español excluyente. Por eso, la Constitución del 78 fue utilizada para dar legitimidad al proyecto nacional del PP y combatir a los nacionalismos (que no patriotismos) vascos y catalán. El PP revisó la definición de ‘patriotismo constitucional’ reduciendo su alcance: ya no se trata de un patriotismo ‘de’ la Constitución, sino de un patriotismo ‘en’ la Constitución, en concreto la del 78 (intocable hasta que llegó la reforma del artículo 135).
El patriotismo del PSOE y del PP sí coincidieron en la configuración, notable en el País Vasco, de dos bloques: constitucionalistas y nacionalistas. El PP sólo buscaba una etiqueta para no ser percibido como un partido nacionalista español; el PSOE ofreció, cuanto menos, un esfuerzo más serio por promover el patriotismo cívico haciéndose eco del pensamiento republicano.
En la actualidad, nos encontramos en una situación diferente. Sin restar importancia al proceso independentista catalán, el patriotismo ha regresado con fuerza entre las nuevas fuerzas políticas. Ciudadanos ha enarbolado la bandera del patriotismo constitucional. Su significado (nación de ciudadanos libres e iguales al amparo de la constitución del 78) apenas difiere de lo proclamado por el PP. Pero hay una diferencia: el patriotismo de Ciudadanos es nacionalismo español producido desde dentro de Cataluña, en conflicto con los nacionalismos e independentismos. La libertad, en su caso, coincide con el sentido liberal y la igualdad solamente se aplica a la igualdad territorial (para los ciudadanos de España).
Podemos, por su parte, también incorporó el patriotismo en su discurso; algo bastante novedoso ya que la izquierda tradicional, como IU, nunca se llegó a atrever. Patriotismo aquí sí que significa igualdad: no territorial, sino económica y de derechos sociales. Íñigo Errejón sintetizaba su patriotismo como la recuperación de la soberanía y de los intereses de la gente. A diferencia del patriotismo republicano de Zapatero, el referente del patriotismo no es la constitución (base del régimen del 78), sino la soberanía, que reside en el pueblo.
Y ante la reivindicación del patriotismo por los nuevos partidos, llega Pedro Sánchez con una bandera gigante hablando de patriotismo cívico. ¿Qué dijo en concreto? En su discurso, Sánchez tomó prestada una idea de Podemos cuando subrayó que hay quienes confunden patria con su patrimonio; y se situó en la tradición liberal al afirmar que es ser patriota: «Es querer que la historia de tu país discurra por la senda de la prosperidad y de la libertad de sus ciudadanas y sus ciudadanos». Mientras que la defensa de la libertad queda patente, resulta un tanto extraño que en lugar de hablar de igualdad, se refiera a la prosperidad del país (como si eso asegurara la prosperidad de las personas).
¿Patriotismo cívico? Bien, pero ¿qué patriotismo y para qué? El patriotismo, en lugar de tomarse en serio, se utiliza como cortafuegos contra los nacionalismos periféricos y para evitar hablar del nacionalismo español. Decir que se quiere modificar la Constitución es una buena declaración de intenciones pero insuficiente. Es cuanto menos curioso que Sánchez proponga incluir en su programa una memoria legislativa y económica y no sea capaz de articular su idea de patriotismo (por no hablar de un proyecto socialdemócrata).
Pedro Sánchez aseguró que los socialistas iban a ser exigentes consigo mismos. Y hacen bien. Es tiempo de ser exigente, a pesar de que la agenda política esté marcada constantemente por citas electorales, y explicar el giro del PSOE hacia al patriotismo. Porque las banderas tan grandes terminan por hacer insignificantes a las personas que están delante de ellas. Incluso a quienes se visten de presidentes.
Artículo aparecido en el diario La Rioja el 28 de junio de 2015.


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